En esta nueva entrega de la serie La Casta Empresarial, recordamos la impronta que dejaron dos grandes empresarios dominicanos cuya visión y liderazgo marcaron profundamente el desarrollo económico y social del país por más de 4 décadas y los primeros años del siglo XXI.
Aunque nacieron en comunidades rurales y de familias humildes, ambos demostraron que el trabajo, la disciplina y la visión empresarial podían transformar la agricultura tradicional en una poderosa agroindustria. Uno nació en Las Matas de Santa Cruz, en la provincia de Montecristi; el otro, en el paraje Guama, del municipio de San José de las Matas. Sus trayectorias convergen en un mismo propósito: crear riqueza, generar empleos y servir a la sociedad.
Don Agustín Pimentel convirtió el procesamiento de arroz en una de las actividades industriales más importantes del Cibao con la reconocida Factoría de Arroz Astoria, mientras que Don Manuel Arsenio Ureña, a través de Camelia Agroindustrial, impulsó la exportación de aguacates dominicanos y fue el pionero en la promoción del cultivo de la macadamia en el país.
Tuve el privilegio de conocer de cerca a Don Agustín durante muchos años de mi juventud, pues fuimos vecinos. Su imagen permanece intacta en mi memoria: impecablemente vestido, siempre con camisa blanca y corbata, ejemplo de elegancia, disciplina y puntualidad. Era común verlo salir temprano hacia la Factoría Astoria en su característico Mercedes-Benz amarillo y, años después, en otro de color azul. Su vida reflejaba orden, seriedad y compromiso con el trabajo.
Con Don Manuel Arsenio Ureña también compartí momentos memorables. Quienes lo conocieron de cerca lo recuerdan como un hombre de extraordinaria sencillez y nobleza. Conversaba pausadamente y casi siempre acompañaba sus consejos con anécdotas de su propia vida, enseñanzas nacidas de la experiencia y del esfuerzo. Nunca perdió la humildad que forjó durante su infancia en la Sierra.
Los dos fueron ciudadanos ejemplares. Ayudaron silenciosamente a miles de personas, sin buscar reconocimiento ni publicidad. Su mayor satisfacción consistía en servir y crear oportunidades para los demás. Ese es, quizás, el legado más trascendente que dejaron.
Agustín Pimentel Metz: el visionario del arroz
José Agustín Pimentel Metz nació en 1911, en Las Matas de Santa Cruz, hijo de Wenceslao Pimentel Salcedo y Carlixta Metz de Pimentel. Contrajo matrimonio con Alba Aurora Ramírez Medina el 27 de marzo de 1965 y falleció el 24 de octubre de 1987 en Santiago de los Caballeros, a los 76 años.
Su trayectoria empresarial comenzó con un pequeño almacén de provisiones. Posteriormente creó una fábrica de jabón y otra de hielo bajo la marca Astoria, hasta consolidar la emblemática Factoría de Arroz Astoria, ubicada en Gurabito, Santiago.
Durante las décadas de los setenta y ochenta, Astoria no solo fue una de las mayores industrias arroceras del país. También desempeñó un papel decisivo como fuente de financiamiento para cientos de productores de arroz de la Línea Noroeste y desarrolló una división especializada en la comercialización de maquinaria y equipos agrícolas, contribuyendo significativamente a la modernización del sector.
Su legado empresarial fue continuado por su familia a través de Pimentel & Cía., liderada por su hijo Fausto Pimentel, con la producción del arroz Pimco. Posteriormente, la Casa de Cambio Santa Cruz evolucionó hasta convertirse en el Banco Santa Cruz, institución financiera presidida por Fausto Arturo Pimentel.
Además de su actividad empresarial, Don Agustín mantuvo una estrecha relación con el presidente Joaquín Balaguer y ocupó una curul como diputado de la República durante uno de sus períodos de gobierno.
Manuel Arsenio Ureña: el empresario con profundo sentido social
Don Manuel Arsenio Ureña (1934-2012) nació el 26 de septiembre de 1934 en el paraje Guama, municipio de San José de las Matas. Su infancia estuvo marcada por la pobreza extrema; caminaba descalzo varios kilómetros para asistir a la escuela. Aquellas dificultades no limitaron sus aspiraciones. Por el contrario, fortalecieron el carácter de quien llegaría a convertirse en uno de los empresarios más admirados y respetados de la República Dominicana.
Fundó el conglomerado Manuel Arsenio Ureña, S.A., con importantes inversiones en los sectores automotor y agroindustrial. Desde Camelia Agroindustrial impulsó la exportación de aguacates dominicanos y promovió el cultivo de la macadamia, apostando por la diversificación agrícola y la innovación.
Su compromiso trascendió el ámbito empresarial.
Fue miembro fundador de AMAPROSAN y de la Asociación de Comerciantes e Industriales de Santiago (ACIS); participó en la creación del Plan Sierra, organización dedicada a la conservación ambiental y la reforestación de la Cordillera Central; impulsó programas de becas universitarias y lideró la alfabetización total del municipio de Jánico durante los años ochenta.
Asimismo, desempeñó un papel fundamental en la creación y fortalecimiento de Banco Ademi, promoviendo el microcrédito como herramienta para que miles de pequeños emprendedores y personas de escasos recursos pudieran acceder por primera vez al financiamiento formal.
Don Arsenio nunca hizo ostentación de su éxito. Por el contrario, hablaba con orgullo de sus humildes orígenes y de los trabajos más sencillos que desempeñó en Santiago antes de convertirse en un exitoso empresario. Su vida fue una demostración de que la grandeza no reside únicamente en lo que se construye, sino también en la forma en que se comparte con los demás.
Falleció el 18 de abril de 2012, a los 77 años, dejando un legado que continúa vivo a través del Centro MAU y de las numerosas iniciativas sociales que impulsó durante toda su vida.
Un legado que trasciende generaciones
Las historias de Agustín Pimentel y Manuel Arsenio Ureña nos recuerdan que el verdadero liderazgo empresarial no se mide únicamente por el tamaño de las empresas o por los resultados económicos alcanzados. Se mide, sobre todo, por la capacidad de transformar vidas, impulsar el desarrollo de las comunidades y abrir caminos para las futuras generaciones.
Ambos entendieron que el éxito empresarial solo adquiere pleno sentido cuando se convierte en un instrumento para servir a los demás. Esa visión los convirtió no solo en grandes empresarios, sino también en referentes de una generación que edificó empresas sólidas sobre los valores del trabajo, la honestidad, la palabra empeñada y el compromiso con el desarrollo de la República Dominicana.
Su legado permanece como inspiración para quienes creen que la empresa puede ser, además de un motor económico, una poderosa herramienta de progreso humano y social.