Opinión

De la prensa escrita nos quedan dos grandes vacíos.

De la prensa escrita nos quedan dos grandes vacíos.
Bienvenido Álvarez Vega

En apenas unos días, dos acontecimientos han dejado una profunda huella en el periodismo dominicano y, de manera muy especial, en quienes hemos vivido de cerca la historia de la prensa escrita.

El pasado 31 de julio circuló por última vez la edición impresa del periódico El Nacional, el vespertino que durante casi seis décadas llevó con orgullo su lema: "La Voz de Todos". Sus rotativas se apagaron para dar paso a una nueva etapa, concentrando toda su labor informativa en su plataforma digital. Poco después se conoció otra noticia de enorme trascendencia: el retiro de don Bienvenido Álvarez Vega de la dirección del periódico Periódico Hoy, una decisión que, según se informó, responde a su deseo de dedicar más tiempo a asuntos familiares y a proyectos personales, luego de haber solicitado su relevo desde hacía varios años.

Ambos hechos nos tocan muy de cerca.

La historia de El Nacional también forma parte de la historia de nuestra familia. Desde los tiempos de su primer director, el doctor Freddy Gatón Arce, mi tío Persio Alejandro Pérez fue su representante en Santiago durante más de cuatro décadas. Posteriormente esa responsabilidad pasó a mi primo Pedro José Pérez, manteniendo viva una tradición familiar vinculada a los periódicos.

Cada tarde, El Nacional era esperado con entusiasmo en la esquina de las calles Beller y Sully Bonnelly, en Santiago. Durante más de cincuenta años, a ese mismo punto llegaban también El Caribe, El Siglo, Hoy y El Nacional, bajo la responsabilidad de mi padre, Genaro Pérez, y de mi tío Persio Alejandro Pérez. Aquella oficina no solo distribuía periódicos; era un verdadero punto de encuentro para el periodismo dominicano.

Allí conocimos y compartimos con figuras como J. Rafael Khoury, Junio Lora, René Fernández, Alejandro Guzmán, Rafael P. Rodríguez, Saúl Pimentel y Héctor García, entre muchos otros periodistas de distintas generaciones, cuyas conversaciones enriquecían el ambiente y permitían comprender el pulso informativo del país.

Durante la dirección de Radhamés Gómez Pepín, Santiago siempre encontró un aliado en El Nacional. Los temas de la ciudad tenían espacio permanente en sus páginas; se investigaban, se les daba seguimiento y se entendía la importancia de reflejar la realidad del Cibao. Su célebre columna Polibroma mezclaba con extraordinaria habilidad el humor, la crítica y la información, convirtiéndose en una lectura obligada para miles de dominicanos. Más adelante, otro santiaguero, Bolívar Díaz Gómez, asumió la dirección del periódico y condujo la institución hasta la despedida de su edición impresa.

La otra noticia también despierta recuerdos imborrables.

Don Bienvenido Álvarez Vega fue el director fundador de El Siglo, periódico en el que tuve el privilegio de comenzar a laborar desde su primera edición, el 23 de abril de 1989.

Siempre lo recordaré como un profesional íntegro y un hombre de excepcionales valores éticos. Su pluma representó, durante décadas, un verdadero contrapeso frente al poder. Nunca necesitó estridencias, protagonismos ni reflectores para ejercer influencia. Su autoridad nacía de la credibilidad, del rigor y de la coherencia con que entendía el periodismo.

Bienvenido Álvarez Vega ha sido, y seguirá siendo, un faro para el periodismo dominicano: una mente brillante que supo resistir presiones, dificultades y tentaciones sin apartarse jamás de sus principios. En tiempos donde la inmediatez muchas veces desplaza la profundidad y el criterio, su trayectoria constituye un ejemplo de dignidad profesional.

Por mis responsabilidades en El Siglo, tuve la oportunidad de tratarlo con frecuencia en su oficina de la dirección diario. Cada vez que nos encontrábamos, su primera pregunta era casi una costumbre: "¿Cómo anda Santiago?". Ese permanente interés por la ciudad demostraba su compromiso con un periodismo que miraba más allá de la capital. También recuerdo sus visitas a Santiago, tanto para la inauguración de las oficinas del periódico como para un aniversario celebrado en la Ciudad Corazón.

La desaparición de la edición impresa de El Nacional y el retiro de don Bienvenido Álvarez Vega representan mucho más que dos noticias. Simbolizan el cierre de una época en la prensa dominicana, una etapa marcada por el rigor editorial, el respeto a la noticia, el valor de la palabra impresa y la presencia de periodistas que entendían esta profesión como un auténtico servicio público.

La tecnología transforma los medios y los hábitos de lectura cambian. Es una realidad imposible de ignorar. Sin embargo, permanece intacta la gratitud hacia quienes construyeron, día tras día, el prestigio de la prensa escrita dominicana.

Hoy despedimos una rotativa y saludamos el merecido retiro de un maestro. Dos acontecimientos distintos, ocurridos con pocos días de diferencia, que dejan un mismo sentimiento: la certeza de que el periodismo cambia de formato, pero nunca debería perder los valores que le dieron grandeza.

 

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Pedro Genaro Pérez  Fernández

Pedro Genaro Pérez Fernández

CEO

Licenciado en Administración de Empresas y Mercadeo y Asesor de Relaciones Públicas. Inició en los medios de comunicación en el Periódico El Siglo, como gerente de publicidad de la zona …

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