Una experiencia vivida a los 15 años despertó su vocación. Hoy, la médica santiaguera dirige servicios de Pediatría en NYC Health + Hospitals/Harlem, investiga sobre VIH pediátrico, forma nuevas generaciones de médicos y acaba de ser reconocida como Médica del Año 2026 del sistema público de salud de Nueva York.
Hay decisiones que comienzan mucho antes de que una persona pueda imaginar hasta dónde llegará su camino.
Para Aracelis Fernández, la medicina comenzó a tomar forma cuando apenas tenía 15 años. La enfermedad grave de una amiga cercana la enfrentó, siendo adolescente, a la fragilidad de la vida y despertó en ella una certeza que terminaría marcando su futuro: quería dedicar su vida a cuidar a los demás.
Nacida y criada en Santiago de los Caballeros, hija de Imelda García García y Agustín Fernández Castro, y hermana de Agustín Fernández García, Juan José Fernández García y Elías Fernández García, Fernández llevó consigo aquellas raíces cuando emprendió una trayectoria profesional que la conduciría desde la Ciudad Corazón hasta uno de los sistemas de salud pública más importantes de Estados Unidos.
Su formación comenzó en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), donde obtuvo su título de Medicina. Posteriormente continuó su preparación en Estados Unidos y se especializó en enfermedades infecciosas pediátricas y VIH en NewYork-Presbyterian/Cornell.
Desde entonces, su carrera ha estado vinculada a uno de los mayores desafíos de la medicina contemporánea: proteger la vida y el desarrollo de niños y adolescentes que enfrentan enfermedades complejas, particularmente aquellos que viven con VIH.
Una carrera construida al servicio de la niñez
Actualmente, Fernández ocupa posiciones de liderazgo en NYC Health + Hospitals/Harlem, donde se desempeña como directora de Pediatría y jefa de los servicios de atención pediátrica ambulatoria.
Desde esa responsabilidad dirige programas destinados a brindar atención especializada y seguimiento integral a niños, adolescentes y sus familias, particularmente en comunidades que requieren servicios médicos de alta calidad y una atención cercana y humana.
Pero su trabajo no termina en el consultorio.
Durante décadas ha participado en redes de investigación vinculadas al VIH pediátrico y ha liderado programas respaldados por iniciativas municipales, estatales y federales. Su trayectoria reúne tres dimensiones que pocas veces avanzan con igual intensidad: atención clínica, investigación científica y formación académica.
A ello suma su labor como profesora adjunta de Pediatría Clínica en la Universidad de Columbia, donde participa en la preparación de las nuevas generaciones de profesionales de la salud.
En hospitales, centros de investigación y aulas, su visión de la medicina mantiene un mismo principio: el conocimiento científico solo alcanza su verdadero valor cuando se pone al servicio de las personas.
Cuando el diagnóstico deja de definir una vida
Quizás ninguna dimensión de su trayectoria explica mejor su compromiso que la relación que ha construido durante años con niños que nacieron con VIH.
Fernández ha tenido el privilegio de acompañar a algunos de ellos desde sus primeros años de vida y observar cómo, gracias a los avances médicos y al acompañamiento adecuado, lograron alcanzar metas que alguna vez parecían difíciles de imaginar.
Los ha visto llegar a la universidad, graduarse, desarrollar sus profesiones y formar sus propias familias.
Ahí encuentra una de las mayores recompensas de su carrera: ver cómo una enfermedad que alguna vez podía marcar el destino de un niño deja de definir su vida.
Es una perspectiva que trasciende las estadísticas y los protocolos médicos. Habla de futuro, de oportunidades y de la posibilidad de que un diagnóstico no sea una sentencia.
Un reconocimiento que trasciende Nueva York
Ese compromiso con la pediatría, la investigación y la salud pública fue reconocido en 2026 por NYC Health + Hospitals, que la distinguió como Médica del Año 2026, un reconocimiento a su liderazgo, excelencia profesional y servicio a comunidades vulnerables.
La distinción adquiere una dimensión especial al mirar el camino recorrido.
La adolescente que un día, en Santiago, decidió que quería ser médica terminó convirtiéndose en una líder de la medicina pediátrica en Nueva York, con responsabilidades clínicas, académicas y de investigación en una de las ciudades más importantes del mundo.
Pero detrás del reconocimiento internacional permanecen las raíces.
Está Santiago, la ciudad donde nació y creció. Está la PUCMM, donde comenzó a construir su formación profesional. Está su familia. Y está, sobre todo, aquella vocación de servicio que nació cuando apenas tenía 15 años.
La historia de Aracelis Fernández es la de una santiaguera que llevó sus raíces dominicanas hasta escenarios internacionales y convirtió el conocimiento, la ciencia y la medicina en instrumentos para transformar vidas.
Porque, al final, su mayor reconocimiento no está solamente en un título.
Está en cada niño que logró crecer.
En cada adolescente que pudo mirar hacia el futuro.
En cada paciente que llegó a la adultez sin permitir que una enfermedad definiera quién podía llegar a ser.
Y en cada vida que confirma aquella decisión tomada hace décadas por una joven santiaguera: hacer de la medicina una misión de vida.