Inicio Tiempo Fuera Cuatro cuadras

Cuatro cuadras

0
2

Nunca se supo qui√©n les puso esos apodos. Y si se supo alguna vez, eso ‚Äď como a
tantas otras cosas ‚Äď se lo llev√≥ el olvido.
El caso es que los motes les caían como anillo al dedo. Una salida genial, sin
dudas, de alg√ļn vecino que, a fuerza de ver a los tres carajitos peinando el barrio ‚Äď
todos los d√≠as y juntos parribaypabajo ‚Äď sign√≥ su destino rebautiz√°ndolos como
Tirig√ľillo, Salse√Īique y Flinfl√≠n.
Respectivamente, claro. Pues es verdad que los tres ten√≠an los mismos ocho a√Īos
de edad y que, además, andaban en paivá, como las guineas; pero cada uno tenía
peculiaridades de fisionomía y personalidad tan acentuadas que, para saber cuál era
cuál, no había perdedera.
Uno era diminuto y flaquito, pero nunca se estaba quieto. Un frasquito de pura
pimienta. Tampoco se callaba nunca y era el primero que entraba en todos los
inventos del tr√≠o de amigos. Ese era Tirig√ľillo.
Otro era alto para su edad, gordito y buch√ļ. Su contextura era tal, que cuando se
paraba en posición de firmes su silueta dibujaba un óvalo vertical. Era de
temperamento tranquilo, y exudaba ingenuidad por todos los poros. A ese le
pusieron Salse√Īique.
Y el otro era el autor intelectual de todos los proyectos con los que solían
encapricharse los tres amigos. Ten√≠a una mente creativa y la extra√Īa capacidad de
minimizar cualquier dificultad pr√°ctica que hubiera para ejecutarlos. Un so√Īador
en toda regla. Era espigado y de figura alargada, como si lo hubieran agarrado por
cabeza y pies y lo hubieran estericado. Era tan liviano que se llegó a afirmar que
los días de brisa su mamá le metía par de callaos en los bolsillos de los pantalones.
Como no podía ser de otra manera, a ese le pusieron Flinflín.
Hablar de Tirig√ľillo, Salse√Īique y Flinfl√≠n es, desde luego, hablar del universo
particular en el que se desenvolvían; un mundo de cuatro cuadras atrapado en una
burbuja de tiempo y memoria.
El espacio de las correrías de los tres secuaces, mal que bien, todavía existe. Los
tres vivían en la calle Máximo Gómez, en la pierna derecha del pantalón que forma

con la calle Eladio Victoria seg√ļn se baja. Su mapamundi estaba limitado por la
Avenida Restauración al norte y la Calle Del Sol al sur; la 30 de Marzo en la
esquina del Hotel Mercedes al levante y la General Valverde al poniente, justo
antes de que se acentuara la cuesta que baja hacia La Joya.
El tiempo en el que existieron Tirig√ľillo, Salse√Īique y Flinfl√≠n era un tiempo
simple. O, al menos, así se antoja desde el futuro lejano que es hoy presente.
Era un tiempo de vecinos. De galerías y aceras, de racimos de muchachos en las
calles. De inocencia e imaginación. Una pelota de goma aquí, un capuchín allá,
un tirapó más allá.
Seguramente, angustias y tragedias hubo. Muchas. Pero a esas, también, las
desdibujó el olvido.

***

Me resulta f√°cil visualizar a estos tres personajes patrullando el entorno de la Calle
del Pantalón. Harían, imagino, las delicias de cualquier dibujante de tiras cómicas.
Tirig√ľillo, menudo e hiperactivo; Salse√Īique, mofletudo y bonach√≥n; y Flinfl√≠n con
su esbeltez esquelética, rematada por una mata de pelo negro que lo hacía
parecerse a un palito’e fósforo.
Y, luego, las ocurrencias. Acicateados por la mente febril de Flinflín, se la
pasaban inventando. Y como Flinflín tenía un talento para trocar imposibles en
probables, la fe hacía el resto. Y se embarcaban, con el mayor desparpajo, en
cualquier proyecto que los mantuviera ocupados e ilusionados.
¬ŅArmar un carrito de cajas de bolas para tirarse por la cuesta de La Joya? Claro que
s√≠. ¬ŅConstruir un periscopio con tubos de cart√≥n y espejos para espiar lo
prohibido? Por qu√© no. ¬ŅArmar una vara telesc√≥pica para tumbar los mangos m√°s
altos del patio de la casa de Salse√Īique? Delo por hecho.
En muchos propósitos, de seguro, fracasaron. Pero todos los intentaron.
Y como Dios protege al inocente ‚Äď y a ellos nadie les dijo que muchas cosas no se
podían hacer, y si se lo dijeron ahí estaba Flinflín para desmentirlo con su flema
impecable e implacable ‚Äď como quien no quiere la cosa cristalizaron algunos
logros nada desde√Īables.

El más vistoso de ellos fue un sistema de teleférico de laticas para comunicarse
cada uno desde sus casas e intercambiarse chucherías entre sus aposentos.
Original e ingenioso, ciertamente. Tanto que lo envidiaría el mismísimo Ciro
Peraloca.

***

Un buen día, a Flinflín se le ocurrió pensar que enviar un proyectil a la Luna no
deb√≠a ser tan dif√≠cil. No en vano, el tiempo de Tirig√ľillo, Salse√Īique y Flinfl√≠n ‚Äď
simple como era ‚Äď era tambi√©n el tiempo en el que el Proyecto Apolo mandaba
astronautas a la Luna por lo menos dos veces al a√Īo.
Y, como todos los ni√Īos de su generaci√≥n, el tr√≠o de cr√≠os tambi√©n ten√≠a la fiebre
del espacio, por lo que la idea caló de inmediato. Además, después del éxito
resonante del teleférico de laticas, Flinflín consideró que necesitaban un nuevo
desaf√≠o, algo ‚Äď literalmente ‚Äď fuera de este mundo.
De inmediato, pusieron manos a la obra. Comenzaron por hacer ensayos con
diversos artilugios para encontrar la mejor manera de escapar a la gravedad de la
Tierra. Para ello, montaron su laboratorio en el traspatio de la casa de Flinflín.
Ahí probaron con velas romanas y cuanto tipo de cohetes chinos encontraron.
También hicieron par de bazucas de lata, de esas que cargan con bencina. Después
de una prueba especialmente interesante, con una bazuca de seis latas de salsa de
tomate enterrada en el suelo y llena de periódicos apretados y enchumbados de
bencina‚Äď a la usanza del ca√Ī√≥n que Julio Verne propuso en De la Tierra a la Luna
‚Äď Flinfl√≠n supo que ten√≠an el m√©todo de lanzamiento adecuado para su proyecto
sideral.
No importó que la explosión de la prueba de propulsión hizo que la mamá y las tías
de Flinflín huyeran despavoridas de la casa, que llovieran periódicos chamuscados
por todo el barrio por varias horas, ni que a Flinflín se le quemaran las cejas, las
pesta√Īas y la pollina con el fogonazo que estall√≥ cuando se acerc√≥ con un f√≥sforo
encendido al improvisado polvorín.
Pero la prueba fue un éxito.
El resto ser√≠a, seg√ļn √©l, coser y cantar.

***

En alg√ļn momento del programa espacial ‚Äď tal vez porque mandar a La Luna un
objeto inanimado le parec√≠a demasiado f√°cil ‚Äď Flinfl√≠n tuvo una revelaci√≥n. ¬ŅPor
qué no mandar, mejor, una cápsula tripulada por un gato?
Ese mismo día, en uno de los rellanos donde los tres panas solían matar el tiempo
de la siesta, Flinflín hizo el anuncio, sin dejar de resaltar que se trataba del primer
gato de la historia que llegar√≠a a la Luna. Salse√Īique y Tirig√ľillo saltaron
entusiasmados con la propuesta.
Esto implicar√≠a ‚Äď desde luego, y as√≠ lo hizo saber Flinfl√≠n ‚Äď cambios radicales en el
programa. Para empezar, tendrían que empezar los planos de lo que sería una
s√ļper-bazuca desde cero. Pero no hab√≠a de qu√© preocuparse ‚Äď insisti√≥ Flinfl√≠n ‚Äď
pues el tenía todo muy claro en su cabeza.
Una tarde en la que estaban los tres tirados en el piso dibujando los planos en papel
manila, el proyecto comenzó a torcerse.
Mientras trazaban la s√ļper-bazuca con l√°pices de carb√≥n, Flinfl√≠n mencion√≥ de
pasada que en vez de latas de leche en polvo tendrían que utilizar tanques de 55
galones para armar el ca√Ī√≥n de lanzamiento. ‚ÄĒ ¬ŅY de qu√© tama√Īo tiene que ser la
bazuca? ¬ŅCu√°nto tenemos que cavar? ‚ÄĒ pregunt√≥ Tirig√ľillo. Flinfl√≠n respondi√≥
con otra pregunta. ‚ÄĒ ¬ŅT√ļ ves ese edificio de ah√≠? ‚ÄĒ dijo, se√Īalando los cuatro
pisos del Hotel Mercedes. ‚ÄĒ Pues como cinco veces eso ‚ÄĒ a√Īadi√≥, con total
naturalidad.
‚ÄĒ ¬ŅC√≥ooomo? ‚ÄĒ salt√≥ Salse√Īique, con los ojos m√°s grandes que sus buches, lo
cual ya era muchísimo decir, y con la duda dibujada en el rostro. Y eso a pesar de
que él era el más crédulo del grupo.
‚ÄĒ S√≠ ‚ÄĒ dijo Flinfl√≠n. ‚ÄĒ Pero no te preocupes, que yo lo tengo resuelto.
Tirig√ľillo y Salse√Īique no dijeron m√°s, pero qued√≥ claro que algo se rompi√≥.
El invento se acab√≥ de fastidiar cuando, un par de d√≠as m√°s tarde, Salse√Īique le
preguntó a Flinflín cuál sería el gato que se convertiría en astronauta. Por
respuesta, Flinfl√≠n se√Īal√≥ con el ment√≥n a El Rubi, el gato amarillo que los padres
de Salse√Īique quer√≠an como otro hijo y que pasaba despreocupadamente por ah√≠.

En esa no entr√≥ Salse√Īique. Y a falta de voluntarios para tripular la nave de
Flinflín, se fracasó el proyecto.
No surcar√≠a los cielos el cohete de Tirig√ľillo, Salse√Īique y Flinfl√≠n; ni vencer√≠a la
gravedad de la Tierra para llevar el primer gato a la Luna. Ni siquiera volaría más
allá de los límites del mundo de cuatro cuadras de los tres carajitos.
Pero haría algo acaso más difícil. Le ganaría la batalla al olvido.

  • Black Lives: Los Esclavos De Francisco Espaillat

    Francisco Espaillat Virol (Masclat, Francia 1734 ‚Äď Aguadilla, Puerto Rico, 1807), tronco d…
  • Culto a la imagen

    Durante tres d√©cadas, Rafael Leonidas Trujillo Molina convirti√≥ en una finca particular un…
  • Nuestra guerra

    Si puedes forzar tu coraz√≥n, tus nervios y tendones a que sigan sirvi√©ndote aun despu√©s de…
Cargue Artículos Más Relacionados
  • Nuestra guerra

    Si puedes forzar tu coraz√≥n, tus nervios y tendones a que sigan sirvi√©ndote aun despu√©s de…
  • N√°ufragos

    ‚ÄúI had power over nothing.‚ÄĚ ‚ÄúNo ten√≠a poder sobre nada‚ÄĚ Chuck Noland, interpretado por Tom…
  • ¬ŅObsesivo yo?

    Todav√≠a quedaban aplausos sueltos cuando comenzamos a salir del teatro. Aquella noche de v…
Cargue M√°s Por Paulo Herrera Maluf
  • Nuestra guerra

    Si puedes forzar tu coraz√≥n, tus nervios y tendones a que sigan sirvi√©ndote aun despu√©s de…
  • N√°ufragos

    ‚ÄúI had power over nothing.‚ÄĚ ‚ÄúNo ten√≠a poder sobre nada‚ÄĚ Chuck Noland, interpretado por Tom…
  • ¬ŅObsesivo yo?

    Todav√≠a quedaban aplausos sueltos cuando comenzamos a salir del teatro. Aquella noche de v…
Cargue M√°s En Tiempo Fuera

Deja un comentario

También Leer

Black Lives: Los Esclavos De Francisco Espaillat

Francisco Espaillat Virol (Masclat, Francia 1734 ‚Äď Aguadilla, Puerto Rico, 1807), tronco d…