Inicio Tiempo Fuera La canción del final del mundo

La canción del final del mundo

0
0

On and on, the rain will fall
Like tears from a star (…)
On and on, the rain will say
How fragile we are (…)

Lloras tú y lloro yo
Y el cielo también (…)
Lloras tú y lloro yo
Qué fragilidad (…)

“Fragile”; fragmento, canción de Gordon Sumner (Sting)
Traducción al español de Roberto Livi

 

Escribo esto en un momento turbio. Oscuro. Con el mundo patas arriba.
El Presidente acaba de dirigirse al país, y confirma lo que temíamos. Tanto lo
temíamos, y tanto lo anticipamos, que, extrañamente, casi puede decirse que el
anuncio de los ajustes llega como un alivio.
Hay que detenerse. Hay que aislarse. Es la forma de prepararse para lo que viene.
Y lo que viene no es nada bonito.
Es feo. Una verdadera pesadilla.
Para el momento en que este texto llegue a sus manos, querido lector, lo más
probable es que la situación se parezca aún más a una de esas películas
apocalípticas, de calles desiertas y población escondida detrás de visillos cerrados.
Ojalá que no, y que la Providencia permita otra cosa. Pero en esta noche de este
invierno inacabable, ese terrible escenario parece lo más probable.
Que Dios nos proteja a todos.

***

Y nosotros que pensábamos, hace apenas un mes, que el embrollo de las elecciones
suspendidas era una cosa muy grande. Y, atención, no es que no lo sea.
Pero la verdad es que ante la magnitud de lo que ya se ve de esta pandemia, aquel
problemón – y la comprensible indignación que desató – parece ahora trivial.
De sopetón, pasamos de cacerolear, de manifestarnos por una causa justa y de
redescubrirnos como ciudadanos sujetos de derechos; a temer, a desconfiar y a
encogernos poco a poco, hasta llegar a encerrarnos, inmóviles, en nuestros capullos
de cemento.
La vida, tal como la conocemos – ordinaria, cotidiana, afanosa y complicada –
sencillamente cambió. Se esfumó. Y no sabemos hasta cuándo. Es más, ni
siquiera sabemos si llegaremos al final de este túnel, ni qué clase de vida nos
espera si salimos de él.
Es verdad que a veces se nos ha olvidado, pero, en el fondo, siempre hemos sabido
que somos frágiles. Lo que no sabíamos era cuánto.
***

En 1985 – con la Guerra Fría todavía en sus buenas – Rubén Blades compuso, para
variar, una de sus salsas geniales, de esas que cuentan una historia. La premisa de
la historia era la siguiente: si se desatara una guerra nuclear – que entonces era una
posibilidad real – el tiempo de recorrido de un misil balístico intercontinental
desde su lanzamiento hasta el momento del impacto sería de unos cinco minutos.
¿Qué puede hacerse en cinco minutos, en esos últimos cinco minutos que te
quedan, se pregunta Blades? Pues bailar. Y bailar salsa. Y bailar bueno.
La salsa, por cierto, se llama La canción del final del mundo, nombre tan apropiado
para el momento actual que vale el fusilamiento para titular este texto.
Porque no será, ciertamente, por causa de un holocausto nuclear lo que estamos
enfrentando, pero la sensación de catástrofe y de indefensión es, en esencia, la
misma.

***

Entonces, estamos en emergencia. Pero una emergencia rara, en la que no hay que
salir corriendo para ningún lado. Al contrario, una emergencia en la que hay que
quedarse quieto.
Y esperar. Y esperar.
Mucho más que los cinco minutos de Blades. Más de cinco días. Probablemente,
más de cinco semanas.
Y la espera, desespera.
¿Qué hacer, entonces?
Inevitablemente, pensar.
En todo, pues la combinación de urgencia e inmovilidad alcanza para voltear todas
las piedras. Especialmente las fundamentales.
El poeta norteamericano Frank O’Hara lo dice mejor que nadie, en sus
Meditaciones en una emergencia. En tiempos de crisis, todos debemos – una y
otra vez – decidir a quién amamos.
Por cierto, el título del libro de O’Hara, de 1957, es también perfectamente
fusilable para este texto.

***

Toca, ciertamente, en lo que el mundo se nos viene encima, repensar todo.
Y reforzar los amores que tenemos. Y decirlos. Y sentirlos. Ahora que se puede.
Toca, también, reencontrarnos con el tiempo. Y valorar la vida. La salud,
mientras se tiene. Y, sobre todo, valorar lo simple.
Y acaso descubriremos que el verdadero bienestar, el que importa, radica en lo
sencillo, en lo cotidiano. Y que, seguramente, la mayor parte de cuanto creíamos
necesario – y de cuanto soñamos y aspiramos – resultó ser superfluo. Tontamente
frívolo.

Tremendo cambio de perspectiva. Tuvo que venir algo como esto para que
aceptemos – en el tuétano y no de la boca pa’fuera – que se puede ser feliz con
muy poco. Con casi nada. Con lo que siempre hemos tenido.

***

¿Cómo terminará todo esto? ¿Con una vacuna milagrosa? ¿O, simplemente,
pasará como una ola poderosa y terrible, pero que es – como una ola, al fin – tan
fugaz como letal?
¿O terminaremos acostumbrándonos a vivir en condiciones de desastre
epidemiológico, y se convertirá el encierro y el distanciamiento en la nueva
normalidad?
Al momento que escribo y al momento que usted lee, no sabemos.
Lo que sí sabemos es que perderemos mucho. Ojalá que lo que perdamos sea sólo
material, que eso, al fin y al cabo, no importa tanto. O, ante la alternativa, no
importa nada.
Que lleguemos bien, es lo importante. Y, con el favor de Dios, completos. Bien
de cuerpo, que ya es mucho. Pero, sobre todo, bien de mente y de corazón, para
tener lucidez y fuerza para cuando podamos, al fin, recomenzar.
Si tenemos tal privilegio, estoy seguro, la vida que reconstruiremos será otra.
Porque ni usted que lee, ni yo que escribo seremos, si llegamos a salir del túnel, los
mismos.

Cargue Artículos Más Relacionados
  • De silla y aparejo

    El otoño aún era joven cuando aterrizamos en Estocolmo, aunque – al menos desde nuestra pe…
  • La batalla de la risa contra el olvido

    Todas las familias tienen su propia leyenda. A fuerza de repeticiones, la crónica más o me…
  • Que no falte la risa

    Estar vivo no es fácil. La vida no es fácil. Pensadores y filósofos a lo largo de la histo…
Cargue Más Por Paulo Herrera Maluf
  • De silla y aparejo

    El otoño aún era joven cuando aterrizamos en Estocolmo, aunque – al menos desde nuestra pe…
  • La batalla de la risa contra el olvido

    Todas las familias tienen su propia leyenda. A fuerza de repeticiones, la crónica más o me…
  • Que no falte la risa

    Estar vivo no es fácil. La vida no es fácil. Pensadores y filósofos a lo largo de la histo…
Cargue Más En Tiempo Fuera

Deja un comentario

También Leer

Viajar en tiempos de coronavirus

No es secreto para nadie que la propagación del Coronavirus 19  nos tiene a todos preocupa…