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El d铆a que muri贸 el b茅isbol

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Lo despert贸 un rayo de luz ma帽anera que logr贸 colarse por la persiana de su aposento y se pos贸 directamente sobre sus ojos.聽 Los abri贸 con trabajo y se percat贸 de que no era temprano.聽 Un latigazo de alarma lo estremeci贸: 隆El viaje a Barahona! Se incorpor贸 r谩pidamente y brinc贸 de la cama.聽 Busc贸 su reloj.聽 Las nueve y media pasadas.聽 Estaba supuesto a estar en el aer贸dromo de la ciudad a m谩s tardar a las siete y media de aquel domingo de enero.

 

El apremio ahuyent贸 a la modorra de inmediato, pero no le borr贸 los estragos del trasnoche en el cuerpo.聽 Mientras se vest铆a con prisa, evoc贸 fugazmente la noche anterior.聽 La premura no le impidi贸 sonre铆r.聽 Hab铆a sido una noche larga y memorable como pocas.聽 Se las hab铆a arreglado para llevarle a su novia una serenata de apaga y v谩monos.聽 Ida y vuelta desde Santiago a San Francisco de Macor铆s con nada menos que una selecci贸n de m煤sicos de la orquesta Liras del Yaque, incluyendo a su director, el maestro Luis Alberti.

 

Con semejante alineaci贸n, el 茅xito de la serenata no fue una sorpresa.聽 Tanto Fay, su prometida, como sus futuros suegros quedaron encantados.聽 A ese ritmo, calcul贸 que habr铆a boda ese mismo a帽o.聽 Una oleada de orgullo masculino lo embarg贸.聽 En verdad, su acto de galanter铆a hab铆a sido el equivalente beisbolero a un jonr贸n con las bases llenas. Al pensar en pelota, su otra pasi贸n, apur贸 el paso.

 

Ese d铆a continuaba el Campeonato Nacional de b茅isbol amateur de 1948 y el Santiago B.B.C. jugar铆a como visitante contra las Estrellas del Sur, en Barahona.聽 脡l era uno de los seguidores m谩s entusiastas del equipo local y siempre que pod铆a acompa帽aba al equipo en sus viajes.聽 Le encantaban el ambiente del dugout y el sentirse parte de esa hermandad especial que s贸lo un equipo de pelota puede tener.聽 Especialmente ese a帽o, pues el Santiago ten铆a un trabuco rebosante de talento.聽 Por eso no ten铆a intenciones de perderse el doble juego pautado para esa fecha.聽 Por lo menos 鈥 pens贸 mientras le echaba otro vistazo a su reloj 鈥 no si pod铆a evitarlo.

 

Precisamente, previendo que no se acostar铆a antes de las cuatro de la ma帽ana por el lleva-y-trae de m煤sicos y cantantes, hab铆a quedado con su amigo Jer贸nimo Copello, quien tambi茅n har铆a el viaje con el equipo, para que lo despertara.聽 La llamada nunca lleg贸.聽 Termin贸 de vestirse y fue al tel茅fono.聽 M谩s le val铆a a Jer贸nimo tener una buena raz贸n para no haberlo llamado.聽 Marc贸 los tres d铆gitos y esper贸.聽 El propio Jer贸nimo sali贸 al tel茅fono.

 

鈥 Jer贸nimo, te habla Jorge 鈥 dijo a modo de saludo.聽 鈥 驴Qu茅 pas贸 que no me llamaste? 驴Se suspendi贸 el viaje? 鈥 pregunt贸 de inmediato.聽 Normalmente era ecu谩nime y flem谩tico.聽 S贸lo la pelota lograba sacarlo de su ritmo parsimonioso. 聽鈥 Hola, Jorgito 鈥 respondi贸 el amigo. 鈥 No pasa nada, los muchachos ya se fueron.聽 Es que a 煤ltima hora decid铆 no ir a Barahona 鈥 continu贸.聽 Jorge not贸 cierto embarazo en la voz de su amigo.聽 Antes de que pudiera responderle, Jer贸nimo sigui贸 hablando. 鈥 Ahora mismo paso por all谩 y te explico 鈥 concluy贸, y colg贸 de inmediato.

 

Qu茅 cosa m谩s rara, pens贸 Jorge, mientras miraba el auricular del tel茅fono tratando de entender lo sucedido.聽 Se pregunt贸 cu谩les ser铆an las poderosas razones que hicieron que Jer贸nimo, quien era tan fan谩tico del Santiago como 茅l, desistiera de hacer el viaje.聽 No tuvo que pregunt谩rselo por mucho tiempo, pues a los pocos minutos estaba su amigo en la puerta de su casa.

 

Entre disculpas, Jer贸nimo le cont贸 que esa madrugada, cuando se dispon铆a a levantarse para recogerlo camino al aeropuerto, su esposa le dijo que hab铆a so帽ado que el avi贸n en el que viajar铆an ten铆a problemas y que ella tem铆a que eso fuera una premonici贸n.聽 鈥 T煤 sabes bien c贸mo son las mujeres cuando se les mete una idea entre ceja y ceja 鈥 dijo Jer贸nimo, sabiendo que la solidaridad de g茅nero era su mejor carta para lograr la comprensi贸n de su camarada.

 

鈥 No hubo forma de que me dejara salir de la casa 鈥 termin贸 de contar Jer贸nimo, encogido de hombros para enfatizar su impotencia.聽 Adivinando la siguiente pregunta que le har铆a Jorge, Jer贸nimo a帽adi贸: 鈭 Ah, tampoco me dej贸 llamarte para que te fueras por tu cuenta.聽 Me hizo prometer que no lo har铆a, pues se empecin贸 en que si te pasaba algo no lo tendr铆a en su conciencia.

 

Jorge escuch贸 la explicaci贸n con paciencia e incredulidad.聽 Cuando el otro termin贸, comprendi贸 que no val铆a decirle que los aviones DC-3 de la Compa帽铆a Dominicana de Aviaci贸n eran seguros en extremo, ni que lo de la premonici贸n le parec铆a un disparate may煤sculo.聽 El caso era que Jorge se hab铆a quedado con el mo帽o hecho.聽 Despu茅s de un par de resabios, entre resignado e inc贸modo se hizo a la idea de dedicar el d铆a a reponer fuerzas despu茅s de la trasnochada del s谩bado.

 

Total, que la contrariedad no le permiti贸 aprovechar el descanso que su cuerpo le ped铆a.聽 Cuando vino a ver ya era mediod铆a.聽 Se dej贸 caer por el frente de La Informaci贸n, porque sab铆a que el peri贸dico recib铆a por tel茅fono los resultados de los juegos tan pronto terminaban y los publicaba en un pizarr贸n colocado al frente del local.聽 As铆 se enter贸 de que las Estrellas del Sur hab铆an ganado el primer juego al Santiago B.B.C., 6 a 5 en extrainnings.

 

Conoc铆a el equipo lo bastante bien como para saber que el Grillo A, el manager del Santiago, estar铆a echando chispas.聽 Pod铆a imaginar perfectamente la reuni贸n que convocar铆a el Grillo despu茅s del juego y pod铆a adivinar lo que les dir铆a a sus jugadores.聽 Sab铆a tambi茅n que el pitcher para el juego de la tarde ser铆a el Bombo Ramos 鈥 si no el mejor, uno de los mejores del campeonato 鈥 por lo que confiaba que las cosas mejorar铆an.

 

Mientras caminaba de regreso a su casa, not贸 que el cielo se estaba cubriendo de nubes negras.聽 Temprano en la tarde, mientras en Barahona el B.B.C. se ensa帽aba contra su rival en ruta a una victoria 9 a 2, ya en Santiago estaba cayendo un diluvio.聽 Hacia las 5 de la tarde, bajo lluvia, Jorge volvi贸 a pasar por el frente del peri贸dico para alegrarse con el score final del segundo juego.

 

Revisando la anotaci贸n del partido, imagin贸 cada jugada.聽 M谩s que nunca, lament贸 perderse las emociones de esos dos juegos y mascull贸 una imprecaci贸n contra la ocurrencia de la esposa de Jer贸nimo.

 

Quiso esperar la llegada del equipo, pautada para el final del crep煤sculo, aunque parec铆a evidente que no podr铆an aterrizar en Santiago, pues para esa hora la lluvia ten铆a categor铆a de temporal.聽 Seguramente, pens贸 Jorge, lo har铆an en la Capital.聽 Tendr铆a que esperar hasta el d铆a siguiente para enterarse de los pormenores y las an茅cdotas del viaje.

 

Muy pronto, sin embargo, Jorge sabr铆a que los planes del destino eran otros.

 

En efecto, la noche cay贸 sin que se tuvieran noticias de los beisbolistas y de sus acompa帽antes.聽 Tampoco se recibi贸 ninguna llamada que indicara si el avi贸n aterriz贸 en Santo Domingo.聽 Luego de que pasaran un par de horas sin novedades, la inquietud empez贸 a arropar a los familiares y a los allegados de los viajeros.聽 Algunos de ellos, incluyendo a Jorge, se reunieron para centralizar las gestiones para conseguir informaci贸n.聽 Lo 煤nico que lograron fue acompa帽arse en el desasosiego.

 

A partir de las nueve de la noche, ya el runr煤n se hab铆a ense帽oreado en la ciudad.聽 Se intensificaron las llamadas a los aeropuertos y a la CDA.聽 Nada. 聽Nadie lo dec铆a, pero para esa hora muchos, Jorge incluido, ten铆an la certeza de que algo terrible hab铆a sucedido.聽 Otros se aferraban a la esperanza, pero a nadie le quedaban ganas de hablar de pelota.

 

Cerca de la medianoche y sin noticias, Jorge decidi贸 retirarse.聽 Apenas durmi贸.聽 Por ratos, logr贸 pescar un sue帽o pedregoso, interrumpido por serenatas angelicales y or谩culos ominosos.聽 La noche se hizo interminable.

 

Amaneci贸 el lunes, pero el sol no sali贸.聽 Una capota gris tapaba todo el cielo.聽 El titular de La Informaci贸n, dando cuenta de la desaparici贸n de un avi贸n de la CDA en la Cordillera Central, hac铆a oficial la angustia de toda la ciudad.聽 Los relojes giraron mucho m谩s lentamente, como si estuvieran llenos de l铆quido, hasta que a eso de las 10 de la ma帽ana, dos toques de sirena confirmaron los peores temores de todos y detuvieron el tiempo por completo.

 

Una congoja innombrable se apoder贸 de la ciudad con un golpe de guillotina.聽 Nadie sab铆a qu茅 hacer ni qu茅 decir.聽 La sensaci贸n de p茅rdida era completa, especialmente para las familias de los desaparecidos.聽 El inventario del dolor era m谩s de lo que la ciudad pod铆a asimilar: dieciocho integrantes del Santiago B.B.C., doce acompa帽antes 鈥 incluyendo un ni帽o 鈥 y los dos pilotos.

 

Jorge, con todo y su flema, estaba completamente abatido.聽 Conoc铆a muy bien a todos y cada uno de los pasajeros del avi贸n.聽 Atenazado entre la culpa de haberse salvado de la cat谩strofe por una circunstancia involuntaria y el alivio de tener todav铆a una vida por delante, Jorge comprendi贸 que aquel evento marcar铆a a Santiago para siempre.

 

Los detalles de la tragedia fueron llegando seg煤n avanzaba la jornada.聽 聽El avi贸n despeg贸 de Barahona hacia el final de la tarde del domingo, intent贸 acercarse a Santiago pero, al parecer, el mal tiempo los oblig贸 a virar hacia la Capital.聽 La aeronave nunca sali贸 de la tormenta, y se precipit贸 a tierra en los alrededores del paraje de R铆o Verde, cerca de Yamas谩.聽 Todos sus ocupantes perecieron.

 

M谩s tarde se sabr铆a que el receptor de planta del equipo, Enrique 鈥 El Mariscal 鈥 Lantigua, no subi贸 al avi贸n en el fat铆dico viaje de regreso.聽 El otro catcher del Santiago 鈥 To帽ito Mart铆nez, quien adem谩s era prensista de La Informaci贸n 鈥 no tuvo tanta suerte.

 

Jorge se uni贸 al diezmado grupo de aficionados de la ciudad para compartir la pena.聽 Nadie ten铆a ganas de nada.聽 El comercio abri贸, pero los compradores eran pocos.聽 El tr谩fico, casi nulo.聽 Un juramento espont谩neo circul贸 de boca en boca entre los seguidores de la pelota: jam谩s olvidar铆an a los que cayeron en aquel avi贸n.

 

Aquel d铆a, por todo el d铆a, el cielo llor贸 con ellos y con Santiago.聽 Llor贸 por las ausencias que deparaba el porvenir.聽 Ausencias en las mesas y en los lechos; en los diamantes y en las pe帽as de b茅isbol.

 

***

 

La vida, como siempre, encontr贸 la manera de seguir.聽 Y, en Santiago, el b茅isbol encontr贸 la manera de revivir.聽 Pero la ciudad cumpli贸 su promesa.聽 Nunca olvid贸.

 

Cada enero, Santiago detiene su reloj y se arrima a quienes detuvieron el suyo aquel domingo lluvioso.聽 Y los recuerda.聽 Uno por uno.聽 Como el primer d铆a.聽 De unos recuerda su fortaleza al bate; de otros, su rapidez en las bases o su fineza al lanzar.聽 De todos 鈥 atletas y aficionados; hijos y padres de familia 鈥 recuerda su coraz贸n.

 

Jorge tuvo su forma particular de recordar y de honrar a los que no regresaron del doble juego de Barahona.聽 Sigui贸 ligado a la pelota de la ciudad por el resto de su vida.聽 Pocos a帽os despu茅s de la tragedia, en el verano de 1952, las 脕guilas Cibae帽as, representando a Santiago y al Cibao, conquistaron su primer campeonato profesional de b茅isbol.聽 Jorge presid铆a el club.聽 Esa vez, no se perdi贸 ning煤n juego.

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