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Mitocondrias del amor

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El art铆culo de la revista se explayaba acerca de las 煤ltimas investigaciones sobre el ADN mitocondrial. 脕ngela lo devoraba con creciente inter茅s. Dec铆a el art铆culo, entre otras cosas, que ese ADN, el particular y propio que llevan en su n煤cleo las mitocondrias, constituye la marca de f谩brica de la maternidad, pues todos los seres humanos lo reciben exclusivamente de su madre biol贸gica. Y que su identificaci贸n sirve para pruebas de parentesco y de investigaci贸n geneal贸gica.

Vaya, vaya. Fascinante, se dijo 脕ngela. Solt贸 la revista sobre la mesa, encima del folder que conten铆a los documentos de adopci贸n. Fue una coincidencia que aquel art铆culo cayera en sus manos mientras rumiaba la decisi贸n m谩s importante de su vida. 驴Ser铆a ah铆, en el n煤cleo de las mitocondrias, donde reside el amor maternal?, se pregunt贸.

Apart贸 la revista y abri贸 el folder, y repas贸 por en茅sima vez la pila de papeles necesarios para formalizar su determinaci贸n de adoptar un ni帽o. O una ni帽a, lo que fuera m谩s f谩cil. Y ahora s贸lo faltaba su firma. Hab铆a reunido el coraje para iniciar el proceso, un par de meses despu茅s de que le quedara claro que el tiempo de salir embarazada ya se le hab铆a pasado. Demasiada edad y demasiadas complicaciones de salud.

En aquel momento se hab铆a sentido muy segura de lo que estaba haciendo, pero ahora la asaltaban las dudas. 驴Es verdad que la sangre pesa m谩s que el agua? 驴Podr铆a inventarse un amor por una criatura desconocida y completamente ajena a su persona, un amor tan grande como el de una madre biol贸gica? 驴Ser铆a m谩s fr谩gil 鈥 y menos visceral 鈥 un amor adquirido que el amor instintivo 鈥 y, ya le quedaba claro, mitocondrial 鈥 de la maternidad natural?

Una de sus amigas que hab铆a vivido la experiencia de adoptar, le hab铆a advertido que el proceso puede ser muy traum谩tico. 驴Y si las cosas no salen bien? 驴Val铆a la pena arriesgarse a esas heridas?

脕ngela busc贸 en su mente referencias cercanas. Su madre hab铆a sido un ejemplo de entrega para cada uno de sus hijos e hijas, cuatro en total. Pero a todos los hab铆a parido. Igual pasaba con todas sus t铆as.

Cuando estaba a punto de rendirse, el recuerdo de su abuela Mimima vino al rescate. Claro, Mimima

se dijo 脕ngela. Cu谩ndo no, Mimima. Siempre Mimima.

***

Querer y rascar, s贸lo es empezar. As铆 sol铆a repetir Clodomira de los 脕ngeles Reyes Suazo 鈥 conocida universalmente como Mimima 鈥 la ilustre abuela de 脕ngela y de decenas de otros nietos y nietas.

Y lo dec铆a en serio, Mimima. De hecho 鈥 al menos, as铆 la recordaba 脕ngela 鈥 no hab铆a para Mimima nada m谩s serio ni m谩s importante que bien querer a todos y cada uno de los miembros de una familia enorme. M谩s que eso 鈥 pens贸 脕ngela 鈥 su vida entera era un testimonio de esa afirmaci贸n.

Comenzando porque cuando Mimima se cas贸, por all谩 por los a帽os treinta, se hizo cargo de los cuatro muchachos que el abuelo Ram贸n tra铆a de su viudez. Como si tal cosa, Mimima los cri贸 sin hacer distinciones entre ellos y los tres m谩s que pari贸. A nadie 鈥 ni de afuera ni de adentro de la casa 鈥 le pas贸 jam谩s por la cabeza que alguno de los siete no fuera hijo carnal de Mimima.

A todos y a todas 鈥 cuatro hombres y tres mujeres en total 鈥 los colm贸 de las mismas atenciones y les inculc贸 las mismas costumbres. A todos por igual. Eran su mejor proyecto y su mayor orgullo. Se consagr贸 a levantarlos a ellos y a darle a Pam贸n 鈥 su Rram贸nArrnaldo, como le dec铆a ella, con su dicci贸n perfecta 鈥 un trato de pr铆ncipe, como se esperaba de las matronas de entonces.

Y ay de aquel que se metiera con cualquiera de ellos. Por las buenas, Mimima era una seda. Querendona como ella sola. Pero el que le buscaba el lado dif铆cil, se lo encontraba. No hay palo que no bote su humito, se justificaba Mimima, cuando Pam贸n se asombraba con los educados rapapolvos que sab铆a endosar su mujer al que osara pasarse de la raya. Las historias de algunas de esas legendarias pelas de lengua hab铆an sobrevivido hasta la generaci贸n de los sobrinos de 脕ngela, quienes las repet铆an un d铆a s铆 y el otro tambi茅n.

Mimima, caramba. Qu茅 tremenda vocaci贸n de dar. Tan grande era que le alcanz贸 el cari帽o y el ancho de su falda para criar a Fefita, la muchacha que le llevaron del campo y que termin贸 siendo una hermana m谩s de sus hijos e hijas. No por casualidad, 脕ngela record贸 el llanto desconsolado de Fefita en el velorio de Mimima. Todos en la familia estaban acongojados, pero fue Fefita la que m谩s la llor贸. De verdad hab铆a perdido una madre.

Tampoco fue casualidad que 脕ngela recordara que cuando Pam贸n se apag贸 de repente antes de cumplir sesenta a帽os, fue Mimima el centro alrededor del cual gravitaron todos. Sin diferencia entre propios o ajenos. Todos propios. Todos queridos y queriendo.

Fue Mimima la que entreg贸 en el altar a sus cuatro hijos varones. Cada vez que le nac铆a un nieto 鈥 de cualquiera de los siete hijos 鈥 Mimima insist铆a en abrir la casa para que entrara todo el vivo a comer y a beber lo que quisiera. No hab铆a mam谩-no-se-ponga-a-eso que valiera.

Y cuando el T铆o Juancho 鈥 el tercero de los hijos de Pam贸n 鈥 enferm贸 de muerte, fue Mimima la que estuvo a su lado. No hubo quien la separara del t铆o durante su agon铆a. Mimima intent贸, sin 茅xito, espantar a los dolores de su hijo y a la angustia de su coraz贸n de madre tom谩ndole de la mano y cant谩ndole canciones de cuna. No pudo evitar sufrir ni que Juancho sufriera, pero estuvo con 茅l en la parte m谩s dura del camino.

Amor del bueno, pens贸 脕ngela. Del que se queda cuando uno se va, se dijo, calculando que Mimima pronto iba a cumplir veinte a帽os de haberse ido y todav铆a su presencia se sent铆a muy viva entre los hijos y los nietos.

Ay, Mimima. A fuerza de recuerdos, 脕ngela empez贸 a sonre铆r. Y a fuerza de recuerdos, encontr贸 la respuesta que buscaba.

***

Madre no es la que pare. Madre es la que ama, la que nutre, la que acompa帽a. Y el amor es el amor. Pariendo o sin parir, nace del mismo tu茅tano.

De eso estuvo segura 脕ngela. Y se le antoj贸 que 鈥 as铆 como dicen que Dios tiene un cielo especial para las abuelas y las madres 鈥 tal vez tenemos unas mitocondrias especiales que son las que se inventan el amor gratuito. El que nace por decisi贸n, no por instinto. Sonri贸 de nuevo ante su propia ocurrencia, aunque sospech贸 que Mimima estar铆a de acuerdo.

Amar y rascar, s贸lo es empezar. Gracias, Mimima, susurr贸. Tom贸 el lapicero y, con decisi贸n, firm贸 la solicitud de adopci贸n. Y, as铆 como as铆, comenz贸 a amar al hijo desconocido que no llevar铆a en sus entra帽as. Y, as铆 como as铆, porque quiso, comenz贸 a ser madre.

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