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El pescador y el galipote

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¡Despierta, amoi! ¡Abre los ojos! Y oye, amoi, lo que me pasó. O mejor dicho, lo que nos pasó a los dos. ¿’Tá de’pieita, amoi?

Tú sabes que esta noche – bueno, anoche – fui a pescar al arroyo de Rancho Al Medio, a la poza de más para arriba. Namá llegar, largué una línea con su anzuelo. Me senté en una peña y me puse a esperar.

Ay, amoi. El cielo estaba clarito. La luna, redondita, amoi. Las estrellas florecidas. Y yo, ahí, pescando. En vez de tai contigo, amoi. En tu cama, queriéndote.

Oye, amoi. Como que te quiero más que el cocuyo a la noche, son veidá lo que te cuento. En lo que buscaba jaibas y sagos pa’carná sentí la línea cogía: una lisa, amoi.

Era un pecao grande. Como tres cuartas tenía la lisa, amoi. La cogí por la cabeza con una mano y con la otra agarré el garrote pa’ rematarla.

Oye, amoi. Como que te quiero más que la abeja a la flor, son veidá lo que te cuento. ¡La lisa me habló, amoi! Clarito me dijo: – No me mate’, pecadoi –.

Ay, amoi. ¿Y no era un galipote la maivá lisa? En mi misma mano lo tenía: un galipote, amoi.

¡Qué suerte la mía, amoi! Pescar un galipote. Si todo el mundo sabe que a quien coge un pájaro de’so gracias le caen del cielo.

Oye, amoi. Como que te quiero más que la mata de pomo a la vera del río, son veidá lo que te cuento. El ser me miró con su ojo de peje. – Pecadoi – dijo – si me sueita hoy, un tesoro te doy –. Y yo callao, amoi. Si todo el mundo sabe que a galipote no se le habla.

¿Qué tesoro me hace falta, si ni cien botijas valen lo que tu querer? Ná’ le dije, amoi.

Y siguió porfiando el galipote. – Pecadoi, ¿qué va a hacei? ¿ei tesoro va a cogei? –. Y yo callao. Yo creo que hasta el arroyo se calló, amoi. Porque no se oía ni una chicharrita pitando, ni una hojita meneándose.

Oye, amoi. Como que te quiero más que el gusano a la guayaba madura, son veidá lo que te cuento. El ser siguió tentando: – Una e’trella, pecadoi, y tranquilito me voy – dijo, buscándome convencer. Y yo callao.

Ay, amoi. Si estrellas ya tengo. Dos, pa’ más seña, amoi. Dos que baján del cielo y se posán en tus ojos. Ná’ le dije, amoi

El galipote seguía. – Si la e’trella no es tu gusto, pecadoi, otro regalo te busco – dijo, amoi. Y yo callao.

Oye, amoi. Como que te quiero más que la barriga al vívere, son veidá lo que te cuento. Siguió el ser: – Pecadoi, ¿será el gusto de mandar? Porque poder te puedo dar – dijo, amoi, seguro de su proceder. Y yo callao.

¿Pa’qué quiero yo poder? ¿Pa’que el tiempo me se vaya en mandar y me aleje de tu querer? Ná’ le dije, amoi.

El maivao galipote no se cansaba, amoi. – Si no es plata ni poder

pecadoi, ¿qué va’ querer? – dijo, amoi. Y yo callao.

Oye, amoi. Como que te quiero más que el café a la sombra de la guama, son veidá lo que te cuento. Picó un ojo el ser, y volvió: – Mujeres por pipá, si me libera’, pecadoi, tendrá’ – dijo, como quien ofrece el cielo. Y yo callao.

Dizque mujeres, amoi. ¡Sá! Namá un loco va a querer más mujer que tú. Y yo loco no soy. Ná’ le dije, amoi.

– ¿Tampoco mujeres? ¿Pero, moitai, qué es lo que quiere? – resopló el ser, amoi. Y yo callao.

Oye, amoi. Como que te quiero más que la candela a la cuaba, son veidá lo que te cuento. El galipote me miró de medio lao. Adentro me miró. Y adentro me vio. Y adentro te vio, amoi.

Ay, amoi. Estos seres son terribles, saben más que un lápiz. El galipote miraba. Y miraba. Y yo callao.

Galipote no se rinde, amoi. Menos este que ya supo dónde estaba mi querer. Y yo asutao, amoi, con un gusto de hierro viejo en la boca.

Oye, amoi. Como que te quiero más que el chichí a la teta de la mai, son veidá lo que te cuento. Namá con mirarme el ser, me descubrió el maivao

te descubrió el maivao, amoi.

– Vide lo tuyo, pecadoi, de mujer único amoi – anunció el ser. Y yo asutao.

Las escamas le brillaban, como espejitos en la luna clara, amoi. – Pecadoi, escucha lo que te doy – dijo el galipote. Y yo asutao.

Oye, amoi. Como que te quiero más que la neblina al amanecer, son veidá lo que te cuento. Como el juez que lee sentencia, habló el ser.

– Conozco tu querer, y, pecadoi, te puedo dar: vida larga con tu mujer, si me quiere liberar – proclamó el ser, amoi. Él sabía que me había dao por el pelao, amoi. Y yo callao. Y el arroyo callao.

Oye, amoi. Como que te quiero más que la garza al lomo de la vaca, son veidá lo que te cuento. Pensaba yo, veidá son que estos seres saben el tiempo mandar. Y por tener mucha vida contigo yo haría de tó’, amoi.

Ahí mismito me rendí. Y el galipote miraba. Y el galipote sabía. Y yo blandito, amoi.

– Dime el nombre, pecadoi, y vas a tener tu favoi – dijo el ser. Porque tú sabes, amoi, que el nombre es la llave pa’ los trabajos de estos seres. Y por primera vez abrí la boca. Y una sola palabra dije. Y el nombre le di, amoi.

Oye, amoi. Como que te quiero más que el rocío a la hoja, son veidá lo que te cuento. Solté el galipote. Y salió embalao nadando, amoi. Y arroyo abajo lo vide que brincó.

Y en el aire el galipote cambió, amoi, de lisa a paloma blanca. Y el arroyo volvió a cantar. Y la brisa levantó, con un olor a flor de naranja. Y ahí mismito supe que teníamos el favor. Y yo feliz, amoi.

Ahí acabó la pesca. En lo que se dice cutuplún recogí tó’ mis corotos. Y, como el galipote, embalao salí. Directico pa’cá. A buscarte, amoi.

Oye, amoi. Como que te quiero más que la paloma a la paivá, son veidá lo que te cuento. Cuando ya me diba, amoi, miré al cielo. Contra la luna vide que la paloma blanca fue cuyaya, y que la cuyaya fue lechuza.

Así termina la historia, amoi. O tal vez así comienza, con mucho tiempo en los bolsillos pa’ vivirlo contigo. Dame un lao, amoi. Echa pa’cá, amoi. Abrázame, amoi. Dame un beso, amoi.

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