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Despu茅s del recreo

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El tintineo de la campana se escuch贸 con fuerza por encima de la algarab铆a de la muchachada, marcando el final del recreo. De mala gana, Luis Felipe y sus compa帽eros abandonaron el interesante juego de balonazos que ten铆an por mitad, y se formaron frente a la vieja casa de madera de dos pisos que hac铆a las veces de edificio de aulas de primaria.

Despu茅s de una breve pausa 鈥 dise帽ada para que recuperaran el aliento y enfriaran sus 谩nimos antes de volver a clases 鈥 y de un toque de silbato, los alumnos del sexto curso subieron las escaleras en cierto desorden, entre bromas y empujones. Cuando se acercaron al aula y se dieron cuenta de que el Hermano Gonzalo ya estaba sentado en el escritorio, todas las bocas se cerraron y todas las espaldas se enderezaron. Incluyendo, desde luego, las de Luis Felipe.

Alto y grueso, enfundado en una inmaculada sotana blanca y sin un pelo fuera de sitio, el Hermano era una figura bastante intimidante. Eso, aparte del hecho de que era 茅l la m谩xima e inapelable autoridad de la secci贸n de primaria del colegio. Un golpe de su pluma pod铆a poner a temblar al m谩s valiente.

Cuando estaba de buenas 鈥 lo cual suced铆a la mayor parte del tiempo 鈥 el Hermano era un maestro entusiasta que sab铆a estimular la participaci贸n de sus pupilos. Pero, en asuntos de orden y autoridad era r铆gido como una tabla.

En resumen, que con el Hermano hab铆a que hilar muy fino. Siempre. Los de sexto lo sab铆an mejor que nadie, pues adem谩s lo ten铆an como profesor de Sociales.

Aquella ma帽ana, al entrar al aula, Luis Felipe fue el primero en notar que sobre el escritorio hab铆a un enorme frasco lleno de caramelos. El significado del frasco estaba claro para todos en el curso: el Hermano se dispon铆a a entregar los resultados de los ex谩menes mensuales de Sociales.

Nunca se supo d贸nde lo consigui贸, pero el caso es que el Hermano ten铆a un envase de vidrio de esos que se usan en los colmados, de los que tienen una apertura ancha con tapa de rosca en una de las paredes inclinadas del frasco. El Hermano manten铆a el frasco surtido de caramelos, pues ten铆a la costumbre de premiar con una golosina a todos aquellos estudiantes que pasaban los ex谩menes.

La inminencia de la entrega del examen 鈥 el cual representaba casi la totalidad de la nota mensual de la asignatura 鈥 trajo nerviosismo a algunos de los muchachos. No a Luis Felipe. Sin ser de los alumnos m谩s aplicados, tampoco era de los menos aventajados. M谩s bien, Luis Felipe se manten铆a en una c贸moda median铆a, tan alejado de las expectativas del cuadro de honor como de las presiones que recib铆an aquellos alumnos que coqueteaban con la repetici贸n de curso.

El Hermano esper贸 en silencio hasta que todos ocuparan su lugar. S贸lo cuando todos estuvieron correctamente sentados 鈥 y sin ning煤n anuncio 鈥 el Hermano se ajust贸 los espejuelos ceremoniosamente y con tres r谩pidos y estudiados golpes de mu帽eca, desenrosc贸 la tapa del frasco.

鈥 Miguel Flores 鈥 llam贸 el Hermano, mientras sacaba un caramelo con la mano izquierda. El geniecillo del curso, el que casi siempre sacaba la nota m谩s alta, se levant贸 de su pupitre y se acerc贸 al escritorio a recoger su examen y su caramelo. Huelga decir que estaba calificado con una nota excelente. 鈥 Juan Gonz谩lez 鈥 continu贸 el Hermano, sacando otro caramelo para ser entregado a otro estudiante meritorio.

Mientras el Hermano segu铆a llamando a los alumnos por orden descendente de notas, Luis Felipe esperaba su turno muy tranquilo. Cre铆a saber que no le hab铆a ido mal en el examen, por lo que estaba seguro de que ser铆a llamado cuando las notas fueran bajando hasta acercarse a los ochenta puntos.

鈥 Jos茅 Fern谩ndez 鈥 escuch贸 Luis Felipe al Hermano. Nada de qu茅 preocuparse. Todav铆a por encima de noventa. Poco a poco, los nombres se fueron sucediendo hasta que el Hermano comenz贸 a llamar a los compa帽eros de Luis Felipe que sol铆an obtener notas parecidas a 茅l. 鈥 Francisco D铆az 鈥 cant贸 el Hermano, procediendo a entregar un examen calificado con un ochenta raso acompa帽ado de su correspondiente caramelo.

A partir de ese momento, s铆 comenz贸 Luis Felipe a intranquilizarse. Las notas segu铆an bajando, y nada de que lo llamaran. Una gota de sudor fr铆o comenz贸 a correr por su espalda cuando not贸 que las notas ya estaban rondando los setenta y pico. Empez贸 a moverse nerviosamente en su pupitre, como si le picaran las asentaderas.

El Hermano segu铆a entregando. 鈥 Carlos Mart铆nez 鈥 setenta y dos, acech贸 Luis Felipe. 鈥 Pedro Rodr铆guez 鈥 sesenta y ocho, alcanz贸 a ver Luis Felipe, con las manos fr铆as y temblorosas, hundi茅ndose en su asiento. Sus compa帽eros cercanos notaron que algo pasaba y le lanzaron miradas de curiosidad. Luis Felipe s贸lo les mostraba sus manos vac铆as y negaba con la cabeza.

鈥 Ra煤l D铆az 鈥 llam贸 el Hermano, entregando examen y caramelo al due帽o de ese nombre. Ante la mirada at贸nita de Luis Felipe, el Hermano hizo una pausa dram谩tica y cerr贸 el frasco con tanta precisi贸n como lo abri贸. Ven铆an las notas rojas. Luis Felipe no pudo creerlo. Se hab铆a quemado en el examen.

Para esa altura, la camisa de Luis Felipe ya no era azul celeste, sino azul marino, pues estaba empapada de sudor. 鈥 Manuel P茅rez 鈥 dijo adustamente el Hermano, m谩s circunspecto que de costumbre, cuid谩ndose de no manchar la solemnidad del momento de entregar ex谩menes fracasados. 鈥 Teodoro N煤帽ez 鈥 sigui贸 el Hermano, m谩s seco que un coconete de a cinco.

Ya hac铆a rato que Luis Felipe se hab铆a rendido. P谩lido como un muerto, se agarraba la cabeza mientras se preparaba para lo peor. 鈥 Ricardo G贸mez 鈥 llam贸 el Hermano. No pod铆a ser. Ricardo era, por mucho, el peor estudiante del curso. 驴Peor nota que Ricardo G贸mez? Luis Felipe se sinti贸 como un paria. Qu茅 humillaci贸n. Sinti贸 en su piel las miradas de sus compa帽eros como aguijones, y se fue empeque帽eciendo en su asiento, mientras el Hermano sosten铆a en sus manos un 煤ltimo examen.

Como si al momento le faltara dramatismo, el Hermano hizo una larga pausa, mirando 鈥 m谩s bien escudri帽ando 鈥 el examen, como si estuviera decidiendo lo que har铆a con semejante porquer铆a. Luis Felipe no sab铆a ni qu茅 hacer. Despu茅s de una eternidad, el Hermano se dirigi贸 al aula, en el tono m谩s casual del mundo.

鈥 Y hubo un graciosito que no le puso nombre a su examen 鈥 dijo el Hermano. 鈥 Y esto muy a pesar de que es lo primero que se les advierte antes de comenzar un examen 鈥 continu贸. Luis Felipe vio una grieta de esperanza. El Hermano volvi贸 a hacer una de sus pausas. Luis Felipe se pregunt贸 si el Hermano hab铆a recibido entrenamiento en alg煤n campo de tortura.

鈥 Este estudiante, por suerte para 茅l, no sac贸 mala nota 鈥 sigui贸 el Hermano. Luis Felipe sinti贸 el alivio recorriendo sus venas. 鈥 驴Alguien no ha recibido su examen? 鈥 pregunt贸 inocentemente el Hermano, conociendo mejor que nadie la respuesta a su propia pregunta. Luis Felipe levant贸 t铆midamente la mano 鈥 no sin enviar algunos recuerdos en su mente a la madre del Hermano 鈥 y esper贸 el adem谩n del maestro para ir a buscar su examen.

Luis Felipe regres贸 a su pupitre con una media sonrisa en su cara y se dej贸 caer pesadamente en 茅l. Estaba agotado. No era para menos, pues tra铆a en sus manos el ochenta y dos m谩s batallado que nunca sac贸 en su vida.

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