Inicio Nuestra Historia Black Lives: Los Esclavos De Francisco Espaillat

Black Lives: Los Esclavos De Francisco Espaillat

1
0

Francisco Espaillat Virol (Masclat, Francia 1734 – Aguadilla, Puerto Rico,
1807), tronco de esta familia en el país y asentado en Santiago desde 1756, fue
además de cirujano y funcionario colonial un potentado propietario de hatos
ganaderos, estancias agrícolas e ingenios en las jurisdicciones de Santiago y
Monte Cristi, en los que, conforme diversas fuentes, empleó más de mil esclavos,
en una muestra evidente de que la esclavitud fue una institución económica
diversa, que extraía el trabajo no remunerado de las personas en una variedad de
entornos.
El expediente instruido para la obtención de su carta de naturalización como
ciudadano español, expedida en 1787 por el rey Carlos III, ofrece datos relativos a
sus propiedades y al número de esclavos en cada una de ellas. En particular,
certificaciones expedidas en ese año por los escribanos Antonio López y José
Martínez de Valdez sobre actos de venta obrantes en sus protocolos y el acta de
justiprecio de sus bienes dan cuenta detallada de sus propiedades, años de
compra, vendedores, valor y patrimonio de cada una. Así, en el ingenio de la
estancia de Sabana Grande, cercana a Pontezuela, había 55 negros, 9 de ellos
párvulos; en el ingenio localizado en Gurabito, en la estancia de Gurabo,
habitaban 25 negros, “todos de servicio, y buena edad”; en el Hato de en Medio,
contentivo de dos corrales con 350 reses, treinta bestias “de por atajo” y 250
cabras, dos negros, “el uno Mayoral, y el otro mozo”; en el sitio de la Salada, que
reunía 200 reses y 12 bestias, dos negros, “el uno Mayoral y el otro entrado en
edad”; en el hato de la Larga, donde habitaban 500 reses y 15 bestias, un esclavo;
en el hato de La Gozuela, que reunía 420 reses, 28 bestias de raza, 41 cabras y
31 ovejas, un negro; en el hato de Las Matas, criadero de 180 reses, 18 bestias, 3
burros y 31 cerdos, “Dos Esclavos buenos”; en La Otra Banda, al otro lado del río
Yaque, donde tenía un bohío cobijado de tejas con cocina, corral y chiquero, 100
cabras, 100 ovejas, 50 reses y 6 bestias, un negro; en La Herradura, propiedad
con 66 reses, un negro; en Angostura, donde tenía una fábrica de procesamiento
de añil, 8 “Negros útiles”; en la estancia de Los Ciruelos, consistente en una
plantación de 10 mil cafetos y 8 mil matas de plátano, dos negros; en el tejar de
dicha estancia, ocho negros; finalmente, en su casa de dos plantas en la calle Del
Sol había una su servidumbre compuesta por diez negros, hembras y varones,
“los ocho grandes, y dos pequeños”. En el artículo “La Estancia de Monsieur
Espaillat”, publicado en el periódico santiaguero “El Constitucional”, del 6 de marzo
de 1901, se refiere que la negrada de la hacienda de Angostura – que ubica en el
paraje Los Melados – la componían 500 cabezas, aunque Sebastián Emilio
Valverde dice que la peonada era cercana a los mil trabajadores. Ambas fuentes
no indican las fechas en que prevalecía esa cantidad de esclavos.
Esta distribución numérica nos remite a considerar que, a más de sus
diferencias ambientales, la intensidad del trabajo era menor en los hatos y
estancias que en los ingenios, como sucedía en la generalidad de la colonia
española, a diferencia de lo que ocurría en los ingenios azucareros y plantaciones
de añil de la colonia francesa, lo que, sin embargo, no permitía establecer una

distinción jurídica entre los tipos de esclavitud que se verificaban en ellos ni
disminuía el carácter de cosa endilgado a los esclavos.
De esos esclavos, los residentes en Sabana Grande protagonizaron en
1792 una riña con los del colindante ingenio de José Tadeo Ceballos, padrastro de
su esposa, producto del enfrentamiento entre sus mayordomos Pedro Armaignac y
Santiago Montaño, respectivamente. En la sumaria instrumentada por el
mencionado escribano real, público y de cabildo Antonio López en la ocasión,
constan los nombres de varios de ellos – analfabetos y desconocedores de su
edad, pero asistentes a misas – y solo uno con apellido: Pascual de los Reyes.
Gracias a su testimonio sabemos que en dicha propiedad había negros criollos y
negros franceses, esto es, procedentes de la colonia de Saint Domingue.
La tradición familiar recoge que, después de la invasión haitiana de 1801 y
la ocupación por Francia de la parte este de la isla a partir de 1802, Espaillat se
retiró a su propiedad de Sabana Grande – recuerdo acaso distorsionado, pues a
propósito de los sucesos de 1792 se menciona allí a su esposa Petronila Velilla –
y que, producto de la invasión de Jean Jacques Dessalines, se vio forzado a salir
en 1805 a Puerto Rico en un barco que tomó en horas de la noche en Puerto Plata
junto a su familia después que atravesaron la Cordillera Septentrional a lomo de
mulos. En un instante fugaz, el cortés, hospitalario, rico, poderoso, “hombre de
juicio excelente” y “cacique respetado del país”, como lo describieron cronistas
franceses en 1797 y 1798, quedó sin fortuna.
En su testamento otorgado en la ciudad puertorriqueña de Aguadilla,
Espaillat declaró que lo hizo “con abandono de mis caudales que aun no me ha
sido posible recuperar cosa alguna”. Pero sus hijos, a su regreso, lograron la
restitución de sus bienes, como lo atestiguan los hechos de que sus restos fueron
repatriados y enterrados en el cementerio de su estancia de Sabana Grande en
1810 y que la partición de sus bienes inmuebles entre sus herederos se practicó
en 1815. Pero, ¿qué fue de sus esclavos?
Su número había disminuido para fines del siglo XVIII, pues justo en 1800,
Mr. Pedron, ex ordenador de Santo Domingo, en una “Memoria descriptiva de la
parte española de Santo Domingo que contiene algunas ideas y pensamientos
sobre diferentes materias”, daba cuenta de que en la parte este de la isla se
contaban 60 haciendas de ca̱a Рla de Espaillat entre ellas Рque, en conjunto,
solo ocupaban 1,500 trabajadores. Ese “grado mediocre de prosperidad” se debía
a que la “cultura” de los “trabajos de la caña” había “tardado en hacerse de
nuevo”, acaso en alusión a la rebelión de esclavos en Saint Domingue en 1791.
La esclavitud en la parte este de la isla perduró entre 1802 y 1822, después
de haber sido abolida fugazmente en 1801 por Toussaint Louverture, y es muy
probable que sus hijos adquirieran nuevos esclavos y que algunos de estos, al
igual que los que él poseyó en el siglo XVIII, llevaran su apellido. En efecto, en
1820, en la parroquia San Felipe de Puerto Plata se registró el bautismo de la hija
natural de una esclava apellido Espaillat, propiedad de José de Rojas y que antes
había sido de Francisco Espaillat, mientras que en 1830 en Santo Domingo se
registró la defunción de María Velilla, esposa de Tomás Espaillat, labrador y
analfabeto, quienes se presume pudieron ser antiguos esclavos de la familia, por
la coincidencia del nombre de la difunta con el de María Leonarda Velilla, esposa
de Francisco Antonio Espaillat Velilla, hijo mayor de Francisco Espaillat Virol.

Entretanto, el 22 de noviembre de 1828 se registró en San José de Las
Matas el matrimonio de Miguel Espaillat, hijo natural de Paula Espaillat, con
Francisca Baes (sic), hija natural de Silveria Baes (sic); madre e hijo pudieron ser
libertos antiguamente ocupados en la posesión que Francisco Espaillat Virol tenía
en la comunidad serrana de Dicayagua para la crianza de cerdos. Miguel figuró
como padrino en San José de Las Matas en 1847 de Manuel de Jesús Torres, hijo
natural de Josefa Torres, y de Valentín Torres, hijo natural de María Altagracia
Torres, en el primer caso junto a María Encarnación Báez y en el segundo junto a
su esposa Francisca como madrinas.
Otros esclavos llevaron distintos patronímicos, como fue el caso de los
ascendientes paternos del general José María López, artillero durante la batalla de
Santiago en 1844.
Como practicantes del ritual católico, hay que pensar que esclavos de
Espaillat bien pudieron haber sido bautizados también en la iglesia parroquial
mayor de Santiago, pero la confirmación de esa tesis es imposible, pues sus
archivos fueron incendiados en 1805 y 1863. No obstante esos vacíos
documentales, es posible afirmar que a la par de la descendencia legítima de
Francisco Espaillat se desarrolló una estirpe negra que también llevó su apellido
–Pedro Ignacio Espaillat, uno de los mártires de Santiago durante la Anexión,
fusilado el 17 de abril de 1863, perteneció a ella – , la cual tiene sus raíces en los
esclavos de sus hatos, estancias e ingenios.

Cargue Artículos Más Relacionados
Cargue Más Por Edwin Espinal Hernández
Cargue Más En Nuestra Historia

Un comentario

  1. Julio M Dajer

    20 septiembre, 2020 en 5:14 pm

    Muy interesante saber el origen del apellido Espaillat. Tengo una nieta con ese apellido: Espaillat Dajer

    Responder

Deja un comentario

También Leer

Inicia “La Casa del Ahorro” 2020-2021

La Asociación Cibao de Ahorros y Préstamos (ACAP) anunció el inicio de la vigésima quinta …