Inicio Nuestra Historia Pandemias en Santiago: la influenza o gripe espa√Īola de 1918-1919

Pandemias en Santiago: la influenza o gripe espa√Īola de 1918-1919

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Entre 1918 y 1919, el mundo fue afectado por la pandemia de influenza de la que se
denomin√≥ ‚Äúgripe espa√Īola‚ÄĚ, aun cuando su foco inicial se localiz√≥ en Estados Unidos;
Espa√Īa, como pa√≠s neutral en la Primera Guerra Mundial que entonces se libraba, no
impuso restricciones a la prensa para la publicación de las noticias sobre el mal y dada su
gran difusión a nivel internacional se le adjudicó tal apelativo.
En Rep√ļblica Dominicana, los focos infecciosos iniciales fueron las ciudades
portuarias y la zona fronteriza. Cuando hicieron su aparición los primeros casos de
influenza en el país, el gobierno militar estadounidense de ocupación resolvió establecer
una cuarentena interregional entre las provincias de Monte Cristi, Santiago (que abarcaban
el resto de las actuales provincias de la Línea Noroeste para entonces), Puerto Plata y La
Vega, sujetas a las instrucciones de los Jefes Provinciales de Salud, medida que fue
ratificada en virtud del Reglamento Sanitario No.15 de fecha 23 de diciembre de 1918.
Previamente, el Jefe de Sanidad de La Vega, conforme el diario vegano El Progreso, del 11
de diciembre del mismo a√Īo, hab√≠a dispuesto restricciones al tr√°fico de pasajeros entre La
Vega y Santiago y San Francisco de Macorís y Pimentel, con el propósito de que el mal no
llegara a La Vega.
El 17 de diciembre se había constituido en Santiago un Comité Ejecutivo de
Socorros P√ļblicos para Influenza, el cual dividi√≥ la ciudad en cuatro cuarteles, (noroeste,
sureste, suroeste y noroeste), encabezados respectivamente por los doctores Stone,
Hamilton, Hagenberck y Ginebra, quienes atenderían enfermos en horario de 9 a.m. a 1
p.m. y de 2 p.m. a 4:30 p.m. Auxiliados del personal médico correspondiente, voluntarios,
auxiliares y comunitarios, contaban con autoridad suficiente para adoptar medidas que
apuntaran a la ejecución de los lineamientos de las autoridades sanitarias. Esa previsión y la
cuarentena interprovincial no impidieron la primera muerte el 21 de diciembre y la
aparición de nuevos casos a fines de ese mes, como informaba el periódico vegano El
Progreso, del 27 de ese mes, en el que se indicaba que en el barrio de la Logia Nuevo
Mundo No.5 se habían descubierto 2 casos; en el barrio de la fortaleza San Luis había 6
casos en una sola familia y en El Ejido numerosos casos de catarro.
El d√≠a 2 de enero de 1919 lleg√≥ a Santiago Mr. Hermann, antiguo due√Īo de un hotel
en Santo Domingo, quien arribó a Puerto Plata desde la capital en un guardacostas fletado
por el gobierno para difundir la ‚Äúf√≥rmula Hermann‚ÄĚ, que se hab√≠a aplicado con √©xito en
Santo Domingo y que consistía en hacer inhalar a los atacados por la gripe o a los que
tuviesen los síntomas, por boca y nariz, flor de azufre en polvo, hasta que se le alojara en la
garganta, para hacerles tomar de inmediato una cucharada del mismo producto diluida en
una cucharada de aceite de castor.
Al d√≠a siguiente de su llegada, acompa√Īado del coronel Mc Kelvy, comandante
regional de las tropas de ocupaci√≥n, fue presentado a todo el Comit√© de Socorro P√ļblico
para la Influenza, procediéndose a la compra de los ingredientes necesarios. De 9 a.m. a 12
p.m. de ese d√≠a, Hermann, acompa√Īado de dos practicantes, atendi√≥ 100 casos,
produci√©ndose gran √°nimo p√ļblico cuando se anunci√≥ la recuperaci√≥n de algunos. En total,
Hermann atendió unas 150 personas en Santiago, algunos de ellos en Gurabo.
El mismo 3 de enero, Anselmo Copello fue designado por el Comité Ejecutivo local
como Jefe del Tráfico Para Influenza, quien de inmediato publicó avisos informando a
propietarios de automóviles que estaban obligados a suministrarlos, so pena de multa, para

el traslado de enfermos. El horario establecido era de 7 a.m. a 12 p.m. y de 2 p.m. a 6 p.m.
Se cubría la gasolina, pero los vehículos debían presentarse con 5 galones en sus tanques.
Se pagaba un peso a cada chofer de servicio. Consta que el 8 de enero prestaron dicho
servicio los se√Īores Narciso Rom√°n, Salom√≥n Gobaira, Javier D√≠az y Pedro A. Fr√≠as hijo,
los cuales tuvieron que presentarse ese d√≠a en la calle Del Sol n√ļmero 23 ‚Äúa las 7 am en
punto‚ÄĚ. El 11 de enero, el Comit√© Ejecutivo de Socorro, dispuso que Mario Ferm√≠n Cabral
asumiera el control de las informaciones sanitarias de la ciudad, para lo cual hizo los
movimientos pertinentes con las personas designadas como Jefes de Manzanas, a fin de
poder realizar un reporte lo m√°s confiable posible. Fruto de las informaciones recabadas del
período que corrió entre el 20 de diciembre de 1918 y el 18 de enero 1919, Cabral publicó
en El Diario del 20 de enero que los atacados eran 10,169; los convalecientes 8,131; en
cama había 1,422 personas y los fallecidos eran 205. La ciudad tenía entonces 16,447
habitantes y 3,667 casas. De esta forma, el 66% de la población santiaguera había sido
contagiado por la enfermedad, de la cual había fallecido el 2%.
Sin menoscabo del reporte de Fermín Cabral, el periódico El Diario publicó una
relación de 214 muertes acaecidas entre el 6 y el 20 de enero de 1919, lo que arroja un
balance de 14 defunciones diarias. El rotativo se√Īalaba que del 1 al 16 de enero fueron
enterradas en Villa Gonz√°lez 24 personas y en Navarrete otras 14. En Gurabo, del 1 al 17
de enero, fueron sepultadas 18 víctimas.
Tanto La Información como El Diario, periódicos de mayor circulación en la época
en la ciudad, estuvieron repletos de avisos de personas y familias enteras convalecientes y
listados de víctimas de la pandemia. Con el aumento de militares y policías municipales
afectados, los bomberos asumieron las funciones de mantenimiento del orden en cuarteles y
puestos policiales. También se ocupaban sepultar víctimas del mal. En los momentos más
duros de la enfermedad, debido al gran n√ļmero de contagiados, se fueron cerrando
paulatinamente f√°bricas, comercios, escuelas, iglesias, un banco comercial, clubes, etc.
Hubo momentos en que los periódicos no salieron o lo hicieron con solo una o dos páginas,
por la ausencia de linotipistas, operarios de m√°quinas y redactores. Incluso, la ausencia de
repartidores afectó la circulación de estos medios. Algo similar ocurrió con la revista La
Semana. Por hallarse enfermos empleados de la oficina de correos se acumuló
correspondencia.
En los primeros días de enero de 1919, la cuarentena afectó seriamente el flujo de
víveres, leche, harina, pan y carnes al mercado, lo que obligó al ayuntamiento a comprar
víveres en otras provincias vecinas, los cuales eran vendidos a bajo precio. La Logia Nuevo
Mundo No.5 montó una cocina, en la cual suministró más de 200 raciones diarias y
camiones militares regalaban alimentos en los barrios pobres atacados por el flagelo.
Personas pudientes donaban alimentos y medicinas a personas humildes, así como camas,
s√°banas, ropa y utensilios, al Hospital San Rafael. Varias agrupaciones de asistencia fueron
creadas.
Así como en la actualidad la pandemia de corona virus ha cobrado la vida de figuras
p√ļblicas a nivel nacional e internacional, lo propio sucedi√≥ con la pandemia de influenza de
1918-1919. Tres de las m√°s sentidas muertes ocurridas en Santiago fueron las de Nadelia
Vi√Īas Malag√≥n, esposa de Manuel Batlle Espaillat, el 14 de enero de 1919, con 38 a√Īos de
edad apenas cumplidos, quien dejó en la orfandad ocho hijos (Manuel, Abelardo, Fernando
Augusto (Cuqui), Mario, Edmundo (Mundo), Rafael (Fellito), Carmen Rosa y Clara
Nadelia Batlle Vi√Īas) y los hermanos Carlos y Jos√© Ovidio Garc√≠a Vila, quienes murieron
los d√≠as 14 y 22 de enero de 1919 a los 26 y 32 a√Īos de edad, respectivamente. Carlos fue

violinista ‚Äď el mejor de atril en el pa√≠s ‚Äď, profesor de viol√≠n ‚Äď fue tutor del maestro Luis
Rivera – y compositor, en tanto que Josesito fue pianista, organista, saxofonista, compositor
y profesor de canto y piano. Se presentó en Cuba, México, Puerto Rico y Venezuela.

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