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Santiago ante la ocupaci贸n norteamericana de 1916

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Una vez se recibieron en Santiago las noticias de que las tropas estadounidenses hab铆an desembarcado en Santo Domingo el 6 de mayo de 1916 y que al d铆a siguiente el presidente Juan Isidro Jimenes hab铆a presentado su renuncia para dar paso, en la conducci贸n del Poder Ejecutivo, al Consejo de Secretarios de Estado, la vida cotidiana de la ciudad se alter贸.

El general Antonio Jorge anunci贸 que har铆a valer su autoridad aun cuando fuese destituido como gobernador. En previsi贸n a su llegada a la ciudad, empez贸 un 茅xodo de familias hacia los campos mientras que otras se mudaron a casas de mamposter铆a. El ayuntamiento nombr贸 una comisi贸n mediadora para evitar el derramamiento de sangre, integrada por regidores y ciudadanos.

En otros puntos del Cibao, como Moca, San Francisco de Macor铆s, La Vega y Las Lagunas (hoy Villa Gonz谩lez), estallaron manifestaciones patri贸ticas cuando se conoci贸 la presencia de torpederos americanos frente a las costas de Puerto Plata y luego del ultim谩tum a los generales Desiderio Arias, Ces谩reo y Mauricio Jim茅nez de parte del representante diplom谩tico estadounidense William Russell y el contraalmirante William B. Caperton en el sentido de entregar sus posiciones a oficiales de Estados Unidos antes del 14 de mayo.

Entre el 27 de mayo y el 1 de junio fueron ocupados los puertos de S谩nchez, Puerto Plata, y Monte Cristi. Dominadas esas ciudades, el objetivo era converger con las fuerzas llegadas a Monte Cristi y Puerto Plata sobre Santiago, donde empez贸 a organizarse la resistencia, encabezada por el coronel Arturo Sanabia, quien promovi贸 el denominado 鈥淏atall贸n Ligero del Yaque鈥 para luchar contra el invasor.

El 1 de junio, tras recibir un telegrama con la noticia de la pr贸xima ocupaci贸n militar de la ciudad, el ayuntamiento acord贸 una serie de decisiones claves. Entretanto, los estudiantes de medicina y farmacia del Instituto Profesional acordaron formar un comit茅 de la Cruz Roja para atender a los defensores de la causa dominicana y el gobernador provincial interino Eleuterio Sosa solicit贸 a los comerciantes sufragar una fuerza paramilitar para conservar el orden. De su lado, aunque la Compa帽铆a de Agua y Luz acord贸 con el ayuntamiento surtir agua del reservoir del acueducto en un horario limitado en previsi贸n de lo que pudiese pasar, desde la noche del 6 de junio la ciudad qued贸 sin agua y sin luz. Las familias continuaban abandonando la ciudad, mientras el des谩nimo se hac铆a sentir en la zona comercial y empezaba a notarse la falta de veh铆culos y campesinos

gran parte de las casas comerciales cerraron y la Escuela de Comercio fue suspendida.

Una comisi贸n de paz que buscaba la no ocupaci贸n de Santiago sali贸 hacia Santo Domingo enviada por el ayuntamiento en el inter茅s de buscar con el Consejo de Secretarios de Estado una soluci贸n 鈥渄igna para el patriotismo鈥 al conflicto creado con la intervenci贸n. La comisi贸n se entrevist贸 con Russell y Caperton, pero la toma de la ciudad qued贸 fuera de la negociaci贸n y solo se logr贸 aplazar el avance de los marines hasta el 15 de junio, plazo que no ser铆a respetado si los dominicanos hostilizaban a los marines

todo depender铆a de la actitud de Santiago que, sin embargo, segu铆a empecinada en ofrecer resistencia.

La ciudad continuaba sin agua y energ铆a el茅ctrica, lo que imped铆a incluso las retretas en el parque Duarte. Por las calles circulaban perros hambrientos, que no hallaban que comer por la falta de vecinos que se hab铆an ido al campo, y en la fortaleza San Luis los presos, igual de hambrientos, fueron alimentados con comida preparada por caritativas se帽oras y se帽oritas.

El 18 de junio, el presidente del ayuntamiento, Pbro. Manuel de Jes煤s Gonz谩lez, recibi贸 un telegrama por el que se le pon铆a en conocimiento la proclama del contraalmirante Caperton por la que anunciaba que ocupar铆a Santiago, La Vega y Moca. Gonz谩lez sesion贸 con los regidores los d铆as 21 y 22 de junio, y entre otras cuestiones se resolvi贸 designar una comisi贸n – que 茅l mismo encabez贸 – para acordar con los generales Desiderio Arias y Apolinar Rey que no se peleara en la ciudad si la ocupaci贸n no pod铆a evitarse, pero ambos dijeron que estaban 鈥渄ispuestos a pelearles a los americanos donde quiera y como quiera鈥.

El ambiente segu铆a enrareci茅ndose con los aprestos militares para la defensa en La Otra Banda y El Castillo. Para soliviantar a煤n m谩s los 谩nimos patri贸ticos, en la fiesta de Corpus Christi ese d铆a en la Iglesia Mayor la orquesta interpret贸 el himno nacional. Al 25 de junio, se calculaba que hab铆an abandonado la ciudad de 7 a 8 mil personas. La desestabilizaci贸n impact贸 incluso los precios de productos como la sal y las cargas de agua.

A partir del 24 de junio, gracias a donaciones recaudadas por un grupo de damas se instalaron hospitales de sangre de la Cruz Roja, que fueron dispuestos en el Palacio de Justicia, las logias Nuevo Mundo y Uni贸n Santiaguesa y la casa escuela No.2. En el de la Logia Nuevo Mundo No.5 muri贸 el oficial La铆to B谩ez, herido por una granada en un combate acaecido el 27 de junio en Lajas, Altamira, y quien comand贸 a 22 dominicanos que se enfrentaron por cuatro horas a 300 americanos. Antes de expirar al d铆a siguiente, B谩ez fue ascendido al rango de general de brigada y cuando su cad谩ver transitaba frente a la casa del Lic. Furcy Castellanos, en la calle Del Sol, Angela Agustina Castellanos toc贸 el himno nacional

la concurrencia se detuvo y todos se descubrieron.

Otros enfrentamientos en Las Trincheras, en la carretera Guayub铆n-Monte Cristi, y Quebrada Honda, Altamira y La Piedra, en el camino Santiago-Puerto Plata, no pudieron detener el avance estadounidense. El 30 de junio, un toque de generala anunci贸 la presencia de las tropas invasoras en el territorio de la provincia.

El 3 de julio, en La Barranquita de Guayacanes tuvo lugar 鈥渆l combate m谩s sangriento librado contra los americanos en estas regiones鈥, como lo calific贸 El Diario, y en el que muri贸 el general M谩ximo Cabral. Tras la derrota en tierras mae帽as y ante la inminencia de la llegada de los infantes de marina, sali贸 hacia Navarrete una comisi贸n de delegados de la denominada junta patri贸tica para entrevistarse con el coronel Joseph Pendleton y negociar la entrada a la ciudad, previa mediaci贸n del arzobispo de Santo Domingo, monse帽or Adolfo Alejandro Nouel, con el almirante Caperton. La resistencia fue desistida. El nuevo gobernador provincial, Dr. Juan B. P茅rez, electo en una reuni贸n extraordinaria del ayuntamiento, asumi贸 el cargo el 5 de julio y de inmediato lanz贸 un comunicado al pueblo, alert谩ndolo sobre la gravedad del momento.

Despu茅s de acampar en Cuesta Colorada, las tropas norteamericanas entraron a Santiago a las cuatro de la tarde del 6 de julio de 1916. Mil quinientos hombres comandados por el coronel Pendleton desfilaron hasta la fortaleza San Luis. Ocuparon el cerro del Castillo, el parque Imbert y la estaci贸n del ferrocarril. El pueblo presenci贸 la entrada de las tropas en silencio y orden.

Aunque no hab铆a ni agua ni energ铆a el茅ctrica, familias empezaron a regresar de los campos y la ciudad recuper贸 cierto movimiento. Entretanto, el gobernador y el ayuntamiento autoridades buscaron desactivar eventuales revanchismos contra los ocupantes con determinadas prohibiciones respecto del porte de armas, horarios de servicio y expendio de alcohol.

La forma en la que inicialmente interactuaron los norteamericanos gener贸 indignaci贸n, la que se manifest贸 pac铆ficamente

hubo quejas del s铆ndico Jos茅 Antonio Hungr铆a y el procurador fiscal Daniel Henr铆quez.

La resistencia inicial a la intervenci贸n se realiz贸 a trav茅s de la prensa, los libros, la literatura y los escenarios para la conmemoraci贸n y el disfrute de las clases sociales. El peri贸dico La Informaci贸n ces贸 en su publicaci贸n ante amenazas de cierre

el Centro de Recreo acord贸 que solo tendr铆a un brindis despu茅s de su asamblea ordinaria con motivo de su aniversario el 16 de agosto

el intelectual colombiano Justo Pastor R铆os ofreci贸 sendas veladas l铆rico patri贸ticas y pol铆ticas y el Club Festivo bendijo una bandera nacional. Para defender la libertad de expresi贸n, y siguiendo la orientaci贸n de la Asociaci贸n Nacional de la Prensa con sede en Santo Domingo, se instal贸 la Asociaci贸n de la Prensa de Santiago.

Pero la confrontaci贸n entre los dominicanos y las fuerzas de ocupaci贸n no se redujo solo a las palabras. El desarme de la poblaci贸n dej贸 al menos un muerto y se difundi贸 que cuatro soldados borrachos hab铆an abusado de un ni帽o de cerca de 12 a帽os, pero se aleg贸 que las versiones eran exageradas y los hechos fueron negados.

El sentimiento anti-norteamericano se desdobl贸 al mismo tiempo en aceptaci贸n. En Santiago, caf茅s empezaron a publicar anuncios en ingl茅s y espa帽ol, mientras que el hotel Garibaldi y el caf茅 del Yaque sirvieron como escenarios para banquetes de la oficialidad norteamericana. El ayuntamiento autoriz贸 a la banda de m煤sica americana 鈥 la Fourth Provisional Regiment Band- a tocar en los parques Col贸n y Duarte. El beisbol tambi茅n fue practicado en el play Yaque del Ensanche Eliesco. Una suerte de cooperaci贸n se manifest贸 adem谩s en otros 谩mbitos: los americanos anunciaron las horas, sum谩ndose as铆 a las sirenas de La Habanera y el ferrocarril, que daban a conocer p煤blicamente las horas del d铆a, y El Diario public贸 como aerogramas las noticias mundiales que recib铆a la estaci贸n inal谩mbrica de la fortaleza San Luis.

La ocupaci贸n militar fue formalizada con la proclama lanzada el 29 de noviembre de 1916 por el capit谩n Harry S. Knapp. Al d铆a siguiente fue izada en la estaci贸n del Ferrocarril Central Dominicano la bandera de Estados Unidos

era la primera vez que ondeaba en Santiago, en un asta oficial, la bandera de otro pa铆s.

El 1 de diciembre, fecha en que El Diario public贸 la proclama, la bandera nacional no se iz贸 ni en la fortaleza San Luis ni en la Gobernaci贸n. El 6 de diciembre, a los acordes del himno de Estados Unidos, se hizo ondear la bandera norteamericana en la fortaleza San Luis

acaso como un presagio y en un hecho de m煤ltiples lecturas simb贸licas, el asta donde se iz贸 se rompi贸, al parecer por ser la bandera muy grande y pesada.

La historia que sigue a partir de aquellos d铆as espera ser investigada y contada: las fuerzas de ocupaci贸n y las autoridades municipales desarrollaron una estrecha relaci贸n en los planos material y simb贸lico, a partir de la cual se impact贸 en la configuraci贸n de la ciudad, la salud, la educaci贸n, la vida cotidiana y el ser santiaguero, pero al mismo tiempo Santiago se convirti贸 en un basti贸n nacionalista en una segunda etapa. Si bien se sabe mucho, por ejemplo, de lo que pas贸 en el este del pa铆s a prop贸sito de la resistencia gavillera, se conoce menos o muy poco de lo ocurrido en el Cibao, el noroeste o el sur. Existe, por tanto, toda una agenda de investigaci贸n que espera ser cubierta.

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