Inicio Nuestra Historia Carnaval sangriento

Carnaval sangriento

0
0

Santiago celebraba el carnaval a principios del siglo XIX. Tres d铆as de fiesta, Domingo, Lunes y Martes de Carnaval preced铆an al Mi茅rcoles de Ceniza. El de 1805 se convirti贸 en una jornada de terror. El 26 de febrero de ese a帽o, en la v铆spera de las celebraciones, el general haitiano Henri Crist贸bal, al mando de una columna de nueve mil hombres, anunci贸 su entrada a la ciudad, en su ruta hacia Santo Domingo para unirse a Jean Jacques Dessalines con el objetivo de reforzar el sitio a los franceses que la ocupaban, comandados por el general de divisi贸n Luis Ferrand. Y declar贸 que si se le hac铆a resistencia no respetar铆a ni a los ni帽os. Pero los santiagueros decidieron enfrentarlo. Grave error.

El moreno Jos茅 Serapio Reinoso del Orbe, comandante general del departamento del norte espa帽ol con asiento en Santiago, sali贸 a su encuentro el Domingo de Carnaval, posicion谩ndose en los cantones de Barranc贸n, con doscientos hombres

Hato del Yaque, donde situ贸 a 200 hombres al mando de Manuel Reyes y emplaz贸 dos ca帽ones arreglados r谩pidamente

La Herradura, donde destac贸 cien hombres, y La Emboscada, en el que se estableci贸 con una fuerza de doscientos hombres. Dos misiones de parlamentarios no hicieron desistir de aquella defensa. Abiertos los fuegos por la fusiler铆a, el ataque fue horroroso. La artiller铆a del fuertecillo del cant贸n de Hato del Yaque fue inutilizada y los sobrevivientes se replegaron a La Emboscada. Los haitianos cruzaron el r铆o y acabaron tambi茅n con los sitiadores ubicados en aquel punto, Reinoso incluido, de un balazo por la espalda. Su sa帽a fue tal que, pese a que su cad谩ver pas贸 a ser pr谩cticamente irreconocible por la sangre y la polvareda, cada uno que le pasaba cerca le clavaba su bayoneta o su sable y su cabeza fue llevada como trofeo fijada en una bayoneta. En camino a la ciudad, acabaron con una compa帽铆a de 150 j贸venes que iba en auxilio de los vencidos.

Ya en Santiago, la sangre corri贸 por todas partes y la consternaci贸n fue general. Los haitianos ocuparon el centro de la plaza de armas cuando se celebraba la misa en la iglesia parroquial, a la que penetraron. Casi toda la vecindad estaba reunida all铆, sumada a habitantes del campo que hab铆an venido a comulgar por ser d铆a de carnestolendas. Dos copones con ostias quedaron pr谩cticamente intactos. Apenas se sinti贸 el estr茅pito de las armas y el tropel de los caballos, todo se convirti贸 en desorden. Gritos de misericordia y actos de contrici贸n llenaron el ambiente. Fernando Pimentel, un sastre mulato, no hab铆a tragado todav铆a el Cuerpo de Cristo cuando fue atravesado por una bayoneta. El que escap贸 en el templo muri贸 en la calle al salir. Hubo una carnicer铆a espantosa. La ciudad se llen贸 de cad谩veres y de sangre con los degollados y los acribillados por las balas. Las mujeres hu铆an en tropel sin saber para d贸nde

ancianos y ni帽os sal铆an de sus casas despavoridos

madres con ni帽os al hombro y otras buscando a sus maridos corr铆an desesperadas y algunos trataron de ocultarse en los matorrales de la sabana. El se帽or Pablo Blanco, sobresaltado y espantado, perdi贸 el tino: abraz贸 a sus dos tiernos hijos y se lanz贸 al r铆o Yaque desde la barranca. Francisco Campo (o Campos), miembro del consejo departamental, fue sacrificado ese mismo d铆a y colgado en los arcos del ayuntamiento. Gaspar de Arredondo y Pichardo, quien plasm贸 sus recuerdos en una memoria en 1814, refiere que 茅l, junto a Jos茅 Minuesa, Carlos Mej铆as, Sim贸n de Rojas y Carlos de Rojas hijo, fueron los 煤nicos sobrevivientes de aquella terrible jornada.

El Martes de Carnaval se vieron colgados tambi茅n en la casa consistorial Carlos de Rojas padre, Francisco Escoto, Jos茅 N煤帽ez y Bartolom茅 Forteza y se cita que el Mi茅rcoles de Ceniza fue asesinado el se帽or Juan Reyes. Los notables Juan Curiel, N. Delmonte, Norberto Alvarez, Antonio Rodr铆guez y Blas Almonte tambi茅n fueron ahorcados en las arcadas del cabildo. En total, 13 personas, incluido el carcelero, sufrieron el suplicio de la horca en el consistorio.

El cura de la ciudad estuvo a punto de ser pasado a cuchillo junto a una fila de hombres y mujeres sobre la orilla de la barranca sobre el r铆o

por la intercesi贸n del ex esclavo Campo Tavares, antiguo diputado y coronel, quien hab铆a venido con las tropas de Crist贸bal, fue destinado a prisi贸n.

Varios paisanos se refugiaron en Moca y formaron una diputaci贸n que encabez贸 el cura fray Pedro Geraldino y que intervino ante Crist贸bal en nombre del pueblo. La intercesi贸n bast贸 para gozar de unos d铆as de indulto. La multitud de cad谩veres que result贸 de la matanza fue arrojada a la sabana del pueblo por unos pocos sacerdotes que, reconvenidos para salvar sus vidas, tuvieron que entregar cierta cantidad de plata. Para cumplir aquella tarea piadosa, se emplearon hasta entrada la noche, arrastrando los cad谩veres con cordeles. Se estima que m谩s de 400 personas fueron muertas por los haitianos.

Despu茅s de haber fracasado en el sitio de Santo Domingo, en su retirada hacia Hait铆 en el mes de abril, Crist贸bal volvi贸 a llenar de horror a los santiagueros. Altares, archivos y el reloj p煤blico y con ellos la ciudad toda fueron reducidos a cenizas. El cura Juan V谩squez, atormentado con crueldad en el cementerio, que estaba frente a la parroquia, fue sacrificado y su cuerpo quemado con los esca帽os del coro y los confesionarios. Veinte sacerdotes m谩s fueron degollados. Todo el que no fue muerto fue llevado prisionero al Guarico (hoy Cabo Haitiano)

octogenarios, como el vicario Pedro Tavares, 249 mujeres, 430 ni帽as y 318 ni帽os hicieron el largo recorrido, que dej贸 a muchos muertos de hambre y sed por los caminos o ahogados en los r铆os.

Las dantescas im谩genes del deg眉ello de 1805 debieron permanecer como referentes imborrables por d茅cadas. Solo con el terremoto de 1842 – que destruy贸 la iglesia parroquial y el ayuntamiento, recordatorios cuasi perennes de aquel acontecimiento – y el proceso independentista, a partir de 1844, empezaron a desdibujarse de la memoria colectiva los recuerdos de ese episodio, que ti帽贸 de sangre el carnaval santiaguero.

Fuentes: 鈥淢emoria de mi salida de la isla de Santo Domingo el 28 de abril de 1805鈥, por Gaspar de Arredondo y Pichardo

鈥淩omance de las invasiones haitianas鈥, an贸nimo

鈥淚nforme presentado al Muy Ilustr铆simo Ayuntamiento de Santo Domingo, capital de la Isla Espa帽ola, en 1812, por D. Jos茅 Francisco de Heredia y Mieses鈥 y 鈥淚nvasi贸n de Toussaint Louverture鈥, por Alejandro Llenas, en Emilio Rodr铆guez Demorizi Invasiones haitianas de 1801, 1805 y 1822, Editora del Caribe, Santo Domingo, 1955.

  • Comercio y guerra restauradora

    Pocas veces son consideradas variables econ贸micas para la explicaci贸n de los hechos de nue…
  • El Ed茅n

    Publicamos este art铆culo tomado de nuestra edici贸n de octubre 2009, como una forma de desp…
  • 鈥溾on los mismos鈥.

    La frase que da t铆tulo a este art铆culo la escuchamos en muchas ocasiones, al hacerse refer…
Cargue Art铆culos M谩s Relacionados
Cargue M谩s Por Edwin Espinal Hern谩ndez
Cargue M谩s En Nuestra Historia

Deja un comentario

Tambi茅n Leer

Comercio y guerra restauradora

Pocas veces son consideradas variables econ贸micas para la explicaci贸n de los hechos de nue…