Bondad

0
0

Papo sufre demencia senil. Su semblante no lo refleja. Tampoco su piel. Por mucho tiempo vivi贸
entre las prisas de los Estados Unidos. Hoy, en la tercera edad, sufre el confinamiento por
partida doble: trancado por el coronavirus y porque a nombre del trastorno se ha perdido un
par de veces.
Papo respira bajo llave en una casa de galer铆a del centro hist贸rico. Una vez al d铆a su hermana le
lleva comida. Las otras horas est谩 a merced del cafecito que le cuela Tomasa y los cigarrillos
que manda a comprar Altagracia, sus dos vecinas.
Cuando ellas se tardan, por diligencias propias y quehaceres dom茅sticos, Papo les vocea desde
su galer铆a. Ha sido condenado a recibir comida una vez al d铆a, pero m谩s falta le hace el amor y la
charla con ellas.
El COVID-19 cambi贸 el panorama, la rutina, las prisas, las compras, la educaci贸n, la forma de
hacer el amor. La pandemia dispar贸 las estad铆sticas de muertes, pero tambi茅n hizo m谩s visible
la bondad.
Hab铆amos perdido la capacidad de asombro, el o铆do para escuchar los p谩jaros y las pupilas para
mirar un amanecer, el atardecer y sus colores. Perdimos la piel para sentir la brisa y los sentidos
para disfrutar la riqueza del silencio.
Y entonces, de un tir贸n, el coronavirus nos regres贸 al origen, a sentir con el alma, a priorizar lo
realmente prioritario. Despert贸 la humanidad que habita en cada coraz贸n.
En cuarentena, cuando no se pod铆a mover nada, pacientes de c谩ncer como do帽a Dominga,
sufrieron mucho. Y m谩s las amigas como do帽a Olga que no pod铆an estar cerca, ni apoyarle de
forma presencial. Entonces, el tel茅fono y las oraciones fueron las 煤nicas maneras para dejarle
saber que ella estaba pendiente.
En un vecindario de apartamentos, donde cada quien se guarec铆a en su cueva, do帽a Olga hizo la
diferencia poni茅ndose a la orden a trav茅s de WhatsApp. Adem谩s, cuando la mata de mango
dejaba caer su sabroso fruto, los recog铆a y los dejaba en la puerta de cada vecino. Una
celebrada y agradable sorpresa para m铆.
Una amiga emprendedora, propietaria de una tienda bell铆sima (cuando entras all铆, no quieres
salir), confes贸 que en cuarentena descubri贸 su casa, al hallar cosas y disfrutar espacios que no
era compatible con su vida en patines. Y as铆 aprendi贸 a disfrutar de las peque帽as cosas que le
dan sentido a la existencia.

La par谩lisis que oblig贸 la pandemia, mand贸 a la porra el 篓echavainismo篓 del yipet煤 dominicano.
Veh铆culos estacionados sin nadie a quien mover ni ruta por agotar. Tambi茅n pis贸 el af谩n de lujo
y ropa. Cuanta vestimenta poni茅ndose vieja en armarios que nadie abri贸. Y qu茅 decir de relojes
y accesorios sin agenda ni 谩nimo para lucir.
La cuarentena tuvo sus virtudes. Una lista de maravillas que no las paga Master Card.
Conservemos esos rayos de bondad, de esperanza, de gratitud.

Para comunicarse con la autora: sonriete_gris@hotmail.com

Cargue Art铆culos M谩s Relacionados
Cargue M谩s Por Grisbel Medina
Cargue M谩s En Desde el Coraz贸n

Deja un comentario

Tambi茅n Leer

La vida despu茅s de la Pandemia

鈥淢irando hacia adelante, leamos los signos que el COVID-19 ha mostrado claramente. No olvi…