Mi vieja

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Acumular chelitos es una costumbre de los viejos. Mi madre, quien no baraja un baile a los 87 años, es ñoña con el olor del billete y te santigua varias veces cuando osas entregarle semanal su puntual ración de monedas.

 

Jugar numeritos es uno de los pasatiempos escondidos de mi vieja. Para ella, nadie sabe que es amiga de las variedades de lotería. Ignora que la familia entera está al tanto de su devoción a la tómbola, que las persigue con el mismo ahínco que el rastro divino de Jesús de Nazaret.

 

Cuando viaja a Estados Unidos, mi madre recorre las despensas, gavetas y armarios de sus hijas para traer una caja con regalos para chicos y grandes residentes en República Dominicana. No trabaja, pero se la ingenia para acomodar en el equipaje un detalle para toda la familia.

 

Mi madre es religiosa. Disciplinada en la fe, antes de acostarse lee un libro que es sagrado en la mesa vecina de la cama. Cuando era veinteañero choqué con varios frentes y siempre me pedía cargar con una virgencita en la cartera. La visita a Higuey de mi madre fue inspirada en bendecir una figura para que yo la colgara en la entrada de mi casa.

 

Las visitas al templo del Señor en nada perturban su agenda paralela de salidas. Puede levantarse con dolor de cabeza pero se sana al vuelo si le hablan de paseo. Combinada más que una caja fuerte camina con aire triunfante y tantas vueltas en collares como los de ciertas reinas inglesas.

 

Si suena un merenguito es mi vieja la primera en lanzarse a escena. No le importan los espectadores. Ella se lo goza como son felices los niños en su mundo mágico de diversión. Para conectar con los bebés, les canta: ¨linda manita que tengo yo, que me la dio Papa Dios¨ y así.

 

Con profundas marcas de la edad y ojos embolsados por el tiempo, mi madre disfruta hoy la serenidad, el bocado tranquilo y la holgura monetaria que ayer no tuvo. Por eso es tratada con ñoñería por toda la familia. Ella es el tronco que nos sostuvo por años. Ahora nos corresponde el privilegio de cobijarla con todas las manifestaciones del amor. Bendiciones para mi vieja y la tuya, si tienes la dicha de tenerla.

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