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Amores desechables

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En mis tiempos cobr√≥ fama la recomendaci√≥n ‚ÄúSi amas algo, d√©jalo libre, si regresa a ti, era tuyo, si no, nunca lo fue‚ÄĚ. Al no existir el internet, la frase circulaba en tapas de tarjetas de amor y el cuadro cursi que no faltaba en el escaparate del mercado. Mucha gente cay√≥ en el anzuelo y para probar solt√≥ el amor que a fin de cuentas jam√°s regres√≥. Por eso, son muchas la Pen√©lope y ‚Äúlos Pen√©lope‚ÄĚ que el tiempo dej√≥ varados en el puerto de la nostalgia. El tiempo se llev√≥ esas √©pocas de amor puro. Basta con echar una miradita al ambiente para darse cuenta que los ‚Äúamores‚ÄĚ de hoy, se arrugan ante la menor brisa y se disipan en las horas que tarda la madrugada en dejar de ser. Y yo me he quedado envidiando los amores de trenzas, papelitos y una que otra serenata. Los a√Īos de ‚Äúhacer yuca‚ÄĚ y las estupideces que inventaba para merecer, por lo menos, una mirada de la doncella m√°s amada y admirada del barrio.

De ese mismo barrio es la muchacha que am√≥ tanto a un amigo que todav√≠a lo sue√Īa, pese a tener dos hijos y tres d√©cadas pisando ese recuerdo sin marchitar de la adolescencia. Ella tambi√©n pertenece al s√©quito de los nost√°lgicos, que de vez en cuando nos echamos una cervecita en Casa Bader. Hoy, la melancol√≠a por los amores verdaderos, me tiene de vuelta y media. No concibo que el amor ande disfrazado de tanta prisa y los ‚Äúte amo‚ÄĚ se esparzan como el man√≠ en mesas de liquor store. Cuando yo alcanc√© darle el primer besito a la doncella en cuesti√≥n, tard√© dos semanas para recobrar la atenci√≥n en la pizarra y me troc√© los dedos de tantos tropezones. La luna era mi hogar ante la obnubilaci√≥n que me produjo rozar el labio que pens√©, acarici√© y toqu√©, en el pensamiento, durante cientos de horas. Hoy no es lo mismo. Si a estas alturas est√°s soltero o sin dos o tres affaire a la vez, es por falta de ingenio. Los amores de hoy son desechables, bostezan r√°pido, agonizan en 24 horas y tienen menor categor√≠a que las servilletas blancas para abrazar las cervecitas peque√Īas. El roce en la pista de baile, le gan√≥ la partida a las relaciones sexuales. Las parejas que ameritan una inyecci√≥n de vitalidad a la relaci√≥n, solo necesitan darse la vuelta por Dubai o Ah√≠ Bar Dance para que sepan c√≥mo deben remenear los f√©feres y motorizar la atm√≥sfera sexual, con el ‚ÄúAyy‚ÄĚ de Amara La Negra como tel√≥n musical. Por suerte fui sacudido con el amor a√Īejo, ese que atrapa, sonroja, quita el sue√Īo. Porque al final, qu√© ser√≠a la vida y vivir sin ese jal√≥n de coraz√≥n cuando se acerca esa otra o ese otro que tiene en sus manos lo mejor y lo peor de nosotros. Y cierro esta p√°gina. Tengo deseos de hablar un poco de plepla y besarle los labios, plegaditos y c√°lidos de mi amada doncella.

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