Los dominicanos tenemos arraigada una vinculación cultural con los números. Los sueños se traducen en billetes de
lotería en una industria millonaria que mueve esperanzas cada día. Sin embargo, existe otra "numerología" en
nuestras calles que, lejos de ofrecernos un premio, nos está arrebatando el futuro: la composición y el
comportamiento de nuestro parque vehicular.
1. El Reino de las Dos Ruedas}
La fisonomía de la movilidad dominicana ha cambiado drásticamente. Al cierre del último informe estadístico, el
parque vehicular nacional alcanzó las 5,810,888 unidades. Lo que antes era un sistema diverso se ha convertido en
un ecosistema dominado por las motocicletas.
Composición General del Parque Vehicular:
Motocicletas: 3,257,595 unidades (56.1%)
Automóviles: 1,018,291 unidades (17.5%)
Jeeps (SUVs): 673,723 unidades (11.6%)
Carga: 487,058 unidades (8.4%)
Otros: 374,221 unidades (6.4%)
Más de la mitad de los vehículos que circulan en el país son motocicletas. Esta cifra no es solo un dato logístico;
representa el medio de transporte principal de la fuerza laboral joven, pero también el sector más desregulado de la
economía nacional.
2. El Abismo Fiscal
La numerología se vuelve injusta al analizar el cumplimiento de las obligaciones tributarias. Mientras los propietarios
de automóviles y Jeeps registran niveles de cumplimiento del marbete cercanos al 98%, impulsados por la
fiscalización urbana y las exigencias de los seguros, el segmento de las motocicletas opera en un abismo de
informalidad.
Se estima que apenas entre el 25% y 35% de las motocicletas cumple con el pago de sus derechos de circulación.
Esta evasión masiva no solo merma las arcas del Estado, sino que crea un sentimiento de inequidad distributiva: el
grupo que más utiliza la infraestructura vial y más demanda servicios de emergencia es, precisamente, el que menos
aporta para sostenerlos.
3. La Matemática de la Tragedia
La cifra más dolorosa de esta numerología es la de la siniestralidad. La participación de los vehículos en accidentes
mortales no es proporcional a su cantidad, siendo la motocicleta el agente más letal.
Participación en Accidentes Fatales:
Motocicletas: 67.0% - 69.0%
Automóviles: 12.0% - 14.5%
Vehículos de Carga: 7.0% - 9.0%
Otros: ~8.0%
Casi 7 de cada 10 dominicanos que pierden la vida en las calles lo hacen sobre dos ruedas. Lo más grave es el perfil
de las víctimas: jóvenes de entre 15 y 34 años, el motor productivo del país. Cada fatalidad representa décadas de
capacidad laboral y consumo que desaparecen, dejando tras de sí familias desarticuladas y un trauma psicológico
colectivo.
4. El Peso del Caos sobre el PIB
Para dimensionar el costo real de este desorden, debemos comparar la siniestralidad vial con las variables
macroeconómicas que dominan el debate nacional. Se estima que los accidentes de tránsito le cuestan a la
República Dominicana entre el 2.2% y el 2.5% de su PIB anual (aproximadamente US$3,000 millones).
Comparativa del Impacto Económico (% del PIB):
1. Siniestralidad Vial: 2.5%
2. Reforma Fiscal (Meta Propuesta 2024): 1.5%
3. Subsidio Eléctrico: 1.4%
4. Servicio de la Deuda Externa (Intereses): 3.5%
La conclusión es impactante: el país pierde en las calles casi el doble de lo que el Gobierno buscaba recaudar con la
propuesta de Modernización Fiscal. Si lográramos reducir la siniestralidad a la mitad mediante un ordenamiento real,
obtendríamos los mismos recursos que una reforma tributaria, pero sin aumentar la carga impositiva.
Además, el costo de salud es astronómico. Un paciente con trauma por accidente de motocicleta le cuesta al Estado
entre RD$500,000 y RD$1,500,000 en su fase inicial. Este gasto es absorbido íntegramente por los contribuyentes, ya
que la mayoría de estos conductores carecen de seguro de salud o de ley.
5. La Clarinada de 2026
Sin que nos diéramos cuenta, los dueños de las vías públicas han pasado de ser los tradicionales "padres de familia"
del transporte colectivo a ser los conductores de motocicletas. Las cifras nos demuestran que el costo de no poner
orden en este sector es insostenible para el desarrollo nacional.No habrá estrategia nacional de desarrollo ni política de Estado que nos conduzca al progreso sin un uso eficiente de los recursos. Así como en su momento las "sombrillas amarillas" transformaron la educación o la "marcha verde" impulsó la independencia del Ministerio Público, el sector motorizado aguarda por su propia transformación.
Que este 2026 sea el año de la ''clarinada''. Es hora de decidir si seguiremos abrazados a la improvisación o si
daremos el paso hacia un país basado en la competitividad, la innovación y, sobre todo, el orden. El desarrollo de la
República Dominicana no se ganará en una tómbola; se construirá poniendo orden en nuestra propia casa.