La República Dominicana difícilmente podrá aprovechar todo su potencial de crecimiento si ignora las oportunidades económicas de Haití. En una isla compartida, con mercados interdependientes y posibilidades de integración industrial, la relación bilateral debe trascender las crisis políticas y migratorias para incorporar una estrategia de inversión, comercio y empleo.
Esa es la tesis del empresario Fernando Capellán, fundador de Grupo M y del parque industrial CODEVI, quien durante el 41.º período de sesiones de la CEPAL, celebrado en Santiago, planteó que el Plan RD 2036 debe considerar a Haití como socio estratégico.
La dimensión comercial es significativa: según las cifras citadas por Capellán, Haití compró US$1,200 millones en exportaciones dominicanas durante 2025. Un mercado de esa magnitud, sumado a las posibilidades de complementariedad productiva, exige una visión económica de largo plazo.
“Andamos buscando bienestar para ambos países y no hay forma de dividir la isla”, afirmó.
CODEVI demuestra el potencial fronterizo
Tras 23 años de operaciones en Haití, CODEVI genera entre 18,000 y 19,000 empleos y ha integrado manufactura, educación, servicios de salud e iniciativas ambientales. Su experiencia demuestra que la frontera también puede convertirse en un espacio de producción, inversión y desarrollo.
Capellán considera que la manufactura ligera ofrece oportunidades para ampliar las cadenas de suministro, atraer capitales y crear empleos, aprovechando las capacidades laborales haitianas y la infraestructura, los proveedores y los servicios logísticos dominicanos.
Sin embargo, materializar ese potencial requiere seguridad, reglas claras y condiciones que garanticen la continuidad de las operaciones y la confianza de los inversionistas.
El empresario también cuestionó que las decisiones sobre Haití estén condicionadas por las reacciones coyunturales y los cálculos de popularidad. “El principal problema que vemos son los likes, los me gusta, punto”, expresó.
Su planteamiento no desconoce la importancia del control migratorio ni de la seguridad fronteriza. Propone ampliar la agenda para incorporar políticas económicas que permitan aprovechar oportunidades comerciales y productivas.
Una estrategia más allá de las crisis
Entre sus propuestas figuran la renovación permanente de la legislación estadounidense HOPE/HELP, que facilita condiciones comerciales para determinadas exportaciones textiles haitianas, y la atracción de inversiones de Taiwán y Brasil para desarrollar la manufactura ligera.
También plantea coordinar iniciativas de reforestación y protección de las cuencas hidrográficas compartidas, así como incorporar al sector empresarial a una agenda binacional con compromisos concretos en inversión, comercio, empleo y sostenibilidad.
El desafío para la República Dominicana es integrar estas posibilidades a una estrategia de desarrollo que aspire a duplicar la economía hacia 2036. Para ello, se necesita coordinación institucional, reglas transparentes y proyectos evaluables, capaces de producir resultados más allá de los cambios políticos.
Haití representa un desafío diplomático, migratorio y de seguridad, pero también un mercado relevante y una posibilidad de complementariedad industrial que merece ser evaluada con criterios económicos.
“No hay alternativa”, concluyó Capellán al defender la necesidad de trabajar de manera coordinada.
La cuestión de fondo es si ambos países podrán gestionar sus diferencias con suficiente visión para convertir la frontera en un espacio de producción, empleo y competitividad. Esa discusión debe formar parte de cualquier estrategia que aspire a transformar la economía dominicana de aquí a 2036.