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Treinta y tres guineos

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‚Äď Ganar no es lo mejor que hay. Es lo √ļnico que hay ‚Äď dijo el personaje de la pel√≠cula entre v√≠tores, haciendo un gran √©nfasis en la palabra √ļnico. Vaya afirmaci√≥n, pens√≥ Vitico, sentado frente al televisor de su casa. La pel√≠cula, alquilada en formato de DVD, no era gran cosa, y tal vez por eso su mente empez√≥ a divagar.

A sus treinta y tantos a√Īos, Vitico sab√≠a perfectamente que esa frase torpedo no era cierta. Ten√≠a experiencias de sobra que lo corroboraban. Las cosas son mucho m√°s complejas de ah√≠. No son tan simples como sugiere la frasecita esa. No pudo, sin embargo, evitar recordar aquella ocasi√≥n en la que actu√≥ como si creyera en ella a pies juntillas. Una punzada en su est√≥mago le indic√≥ que su cuerpo tambi√©n recordaba.

***

El sol estaba en el centro de un cielo claro y sin nubes. El clima le había sonreído a quienes habían elegido ese domingo de abril para celebrar la feria colegial. Hacía demasiado calor, pero eso era preferible a la lluvia.

En aquellos tiempos remotos de mediados de los a√Īos ochenta, la idea de hacer un pasad√≠a ben√©fico en un colegio era muy novedosa en Santiago. Vitico era uno de los muchachos de cuarto de bachillerato que con m√°s entusiasmo hab√≠a apoyado el proyecto. Le hab√≠a parecido una buena despedida, una forma de dejar una huella en el colegio.

La primera parte del d√≠a hab√≠a sido un √©xito. Muy buena asistencia y mucha participaci√≥n en las diversas actividades. Como parte del equipo de animaci√≥n del pasad√≠a, Vitico hab√≠a pasado toda la ma√Īana al sol, en un intenso corre-corre de un sitio a otro. El mediod√≠a hab√≠a llegado y las familias empezaban a prepararse para almorzar. Estaba acalorado por las horas bajo el sol, pero √©l y su equipo ten√≠an el deber de entretener a las personas para que no cedieran a la tentaci√≥n de irse a dormir la siesta en el fresco de sus casas.

Le dio una lectura r√°pida a su programa. La siguiente actividad que tendr√≠a que animar, a la una de la tarde, ser√≠a una competencia de comer guineos en el centro de la cancha de baloncesto. A pleno sol. A qui√©n se la habr√° ocurrido semejante barbaridad, pens√≥. ¬ŅUna competencia de comer guineos, bajo el sol de la una? Tendr√≠a que emplearse a fondo.

Tom√≥ el meg√°fono y se reuni√≥ con Ricardo, el compa√Īero de curso con el que compartir√≠a la responsabilidad del peregrino concurso. ‚Äď ¬°Atenci√≥n! ¬°Ac√©rquense a la cancha de baloncesto para la gran competencia de comer guineos! ¬°Grandes premios para los ganadores! ‚Äď voce√≥ Vitico por la bocina, como un anunciador de circo.

No obtuvo respuesta. Nadie acudi√≥ al llamado. Sigui√≥ intent√°ndolo, tratando de atraer concursantes y p√ļblico, pero nadie se animaba. En cada intento fue subiendo el tono de la convocatoria. A la quinta vez, ya se le hab√≠a ido la mano. ‚Äď ¬°Campeonato mundial de comer guineos! ¬°En la cancha de baloncesto! ¬°Ahora! ¬°Inscriba su nombre en el libro Guinness de los records mundiales! ‚Äď vociferaba.

La bulla llam√≥ la atenci√≥n de todos los que estaban cerca, que se congregaron alrededor de la cancha, pero nadie se inscribi√≥. Sin participantes no pod√≠a haber concurso, aunque hubiera espectadores. Despu√©s de varias rondas de llamadas, finalmente se inscribi√≥ un muchach√≥n de segundo de bachillerato, alentado por un grupo de sus compa√Īeros. Tanta expectaci√≥n hab√≠a creado Vitico con sus anuncios, que la entrada del concursante arranc√≥ aplausos de los curiosos y envalenton√≥ al competidor. Parec√≠a que el muchacho se hab√≠a cre√≠do lo del r√©cord mundial.

Ahora Vitico ten√≠a un problema. Una multitud animada con un concurso que ten√≠a un solo participante. El colmo del anticl√≠max. Consult√≥ r√°pidamente con Ricardo, y ambos estuvieron de acuerdo en que declarar al muchacho ganador con s√≥lo comerse un guineo ser√≠a un fiasco. Y, claro, declarar el concurso desierto ser√≠a uno a√ļn mayor.

De pronto Ricardo tuvo una idea que har√≠a el concurso m√°s interesante. Se la susurr√≥ r√°pidamente a Vitico. Ser√≠a genial si le anunciaran al p√ļblico presente que el propio Vitico renunciar√≠a a su rol de animador para defender el honor del cuarto de bachillerato en la lucha por el t√≠tulo de mayor comedor de guineos del mundo. El argumento de Ricardo era que la clave para aumentar el suspenso del concurso era convertirlo en una competencia entre cuarto y segundo de bachillerato.

Antes de que Vitico pudiera preguntarle porqu√© tendr√≠a que ser √©l ‚Äď y no Ricardo ‚Äď el que se metiera a competir en el concurso, ya su compa√Īero le hab√≠a quitado el meg√°fono de las manos y empez√≥ con el preg√≥n: ‚Äď ¬°Se√Īores y se√Īoras! ¬°Tenemos un importante anuncio! ¬°Nuestro animador estrella ha decidido dar la cara por su curso y ser√° el contendor por el t√≠tulo de campe√≥n mundial de comer guineos! ¬°Una gran bienvenida para Viticooo! ‚Äď grit√≥ Ricardo a voz en cuello.

La multitud prorrumpi√≥ en aplausos. Un peque√Īo grupo de sus compa√Īeros de curso se acercaron con intenci√≥n de animarlo. Vitico quiso decir algo pero ya era tarde. Ni modo. Todo por el espect√°culo. Fue a sentarse en su silla, frente a una mesa literalmente llena de guineos. Del otro lado de la mesa estaba su rival, listo para comenzar.

Ricardo explic√≥ las reglas por el meg√°fono. Los concursantes deber√≠an comer los guineos uno por uno para que pudieran ser contados. El primero de ellos que no pudiera continuar le dar√≠a la victoria a su contrincante. Parec√≠a f√°cil. Ricardo pidi√≥ un √ļltimo aplauso para los aspirantes al r√©cord mundial de ingesti√≥n de guineos y dio inicio a la competencia.

Los primeros guineos fueron f√°ciles para los dos aspirantes al t√≠tulo. Al tercer guineo, a alguien se le ocurri√≥ corear los n√ļmeros. ¬°Cuatro! ¬°Cinco! Vitico y el muchacho de segundo parec√≠an decididos a llegar hasta donde fuera necesario con tal de darle el triunfo a su curso. ¬°Ocho! ¬°Nueve! Ricardo narraba las incidencias con tantos detalles como hip√©rboles.

Al decimosegundo guineo, Vitico se hizo consciente del calor y empez√≥ a sudar a mares. En su mente maldijo a quien decidi√≥ poner el concurso en el sol. Pens√≥ en renunciar, pero no quer√≠a defraudar a sus compa√Īeros. Su oponente parec√≠a fresco como una lechuga. Tendr√≠a que seguir.

¬°Diecis√©is! ¬°Diecisiete! Ahora era el muchacho de segundo que estaba sudando. Ambos contendientes hicieron una pausa para tomar aire. No pod√≠an levantarse de sus sillas, porque las reglas lo prohib√≠an. El esc√°ndalo de Ricardo y la expectaci√≥n que creaban los coros con los n√ļmeros atrajeron todav√≠a m√°s gente alrededor de la mesa, lo que ‚Äď si era posible ‚Äď aumentaba el calor.

Al guineo veinte Vitico se sinti√≥ desfallecer. Sigui√≥ sudando copiosamente, pero esta vez era un sudor fr√≠o. Hac√≠a varios guineos que empujaba el √ļltimo con el siguiente. No pod√≠a m√°s. Hizo adem√°n de abandonar, pero Ricardo se lo impidi√≥. Le lanz√≥ una mirada llena de significado: ¬Ņte vas a dejar ganar por un muchacho de segundo de bachillerato? Vitico decidi√≥ seguir. No sab√≠a por cu√°nto m√°s.

Despu√©s de veinticinco guineos, los nombres de los concursantes sustituyeron a los n√ļmeros en los coros de los parciales de cada curso. Los de cuarto de bachillerato eran m√°s numerosos que los de segundo. ‚Äď ¬°Vitico! ¬°Vitico! ‚Äď gritaban y aplaud√≠an r√≠tmicamente a su alrededor.

Los competidores se miraban uno al otro fijamente, acechando la menor se√Īal de debilidad. Pero ninguno de los dos ced√≠a. Las pausas entre guineo y guineo se hicieron m√°s largas. Al guineo n√ļmero veintinueve, Ricardo tuvo la brillante ocurrencia de preguntarle a cada participante ‚Äú¬ŅTe rindes?‚ÄĚ. Como era de esperar, la respuesta no provino de los que estaban fajados tragando guineos, sino del grupo de sus parciales: ‚Äď ¬°Nooo! ‚Äď grit√≥ cada coro.

Treinta. Ese lo sinti√≥ en el cerebro. Treinta y uno. Esto no pod√≠a ser posible. ¬ŅNo hab√≠a una ley f√≠sica que establec√≠a la impenetrabilidad de la materia?, delir√≥ Vitico. Se le fue el alma al piso cuando vio que su rival, con mucho trabajo, baj√≥ el guineo treinta y dos. Vitico lo igual√≥ a duras penas.

La pausa esta vez fue larga. Ricardo aprovech√≥ para acentuar el dramatismo del empate. ‚Äď ¬°Incre√≠ble, se√Īoras y se√Īores! ¬°Ambos concursantes se han comido treinta y dos guineos! ‚Äď inform√≥. Tambi√©n dijo, m√°s bien invent√≥ mientras hablaba, que para adjudicar el r√©cord mundial ten√≠a que haber un ganador. No pod√≠a haber empate.

Vitico quiso matarlo. No ten√≠a m√°s remedio que seguir ‚Äď aunque no sab√≠a c√≥mo ‚Äď si no quer√≠a verse derrotado despu√©s de tanto sacrificio. Pel√≥ el guineo y lo puso frente a √©l. Su contrincante hizo otro tanto. Los dos estaban ba√Īados en sudor.

Vitico cerró los ojos y empezó a morder. No abrió los ojos hasta que terminó, pensando en cualquier cosa menos en el calor que hacía y en lo que estaba haciendo. Todavía tenía los ojos cerrados cuando escuchó una gran algarabía. Los abrió apenas a tiempo para ver cómo su competidor se rendía. Ricardo pareció enloquecer.

‚Äď ¬°Tenemos un ganador! ¬°Tenemos un nuevo r√©cord mundial! ¬°Treinta y tres guineos! ¬°El ganador, de cuarto de bachillerato, Viticooo! ‚Äď exclam√≥ Ricardo mientras hac√≠a adem√°n de levantar el brazo de Vitico como si fuera un luchador. Vitico estaba tan empachado que no soportaba que lo tocaran, mucho menos levantar el brazo. Esta vez fue √©l quien le dio a Ricardo una mirada significativa que el otro entendi√≥ al instante: me topas y te ahorco.

Entre gritos y aplausos, a Vitico le entregaron sus premios. Un frasco de sazón y una camisa tan estrecha que no le quedaba ni siquiera antes de comerse los guineos. Lo dicho: todo por el espectáculo, porque por los premios no era.

La bulla se disipó rápidamente y la multitud se dispersó hacia otras actividades. Vitico se quedó sentado en medio de la cancha, bajo el sol, con el frasco de sazón en una mano, la camisa en la otra y treinta y tres guineos entre el pescuezo y la cintura.

Ah√≠ mismo termin√≥ el pasad√≠a para √©l. Tuvo que irse a su casa, m√°s que a disfrutar de su p√≠rrica victoria, a sufrir las consecuencias del empacho. Esa fue la √ļltima vez que le puso la mano a un guineo.

***

No es cierto que ganar lo es todo, reflexion√≥ Vitico mientras la pel√≠cula segu√≠a con sus personajes de cart√≥n y su realidad plastificada. Es muy complicado. Comerse treinta y tres guineos para ganarse un frasco de saz√≥n y una camisa que nunca us√≥. Por no decir que le dio una indigesti√≥n que casi no lo cuenta. ¬ŅVali√≥ la pena?, se pregunt√≥. Tal vez no.

Entonces reson√≥ en sus o√≠dos el coro de sus compa√Īeros en aquel caluroso mediod√≠a de hac√≠a m√°s de veinte a√Īos: ‚Äú¬°Vitico, campe√≥n! ¬°Vitico, campe√≥n!‚ÄĚ. Sonri√≥ sin quererlo. Y sonri√≥ un poco m√°s cuando record√≥ que su rival se comi√≥ treinta y dos guineos y no gan√≥ nada, aparte de la indigesti√≥n.

Es complicado. Ganar no es lo √ļnico, pens√≥. Pero mejor que perder s√≠ es, concluy√≥.

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