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Palabras de √°ngel

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Navidad es tiempo de estampas. Una temporada al a√Īo, desfilan ante nuestros ojos √°rboles decorados, estrellas, pastores y pesebres, todos parte de una iconograf√≠a milenaria que, por alguna raz√≥n, no cansa.

Cada quien, supongo, tendr√° su imagen o pasaje navide√Īo favorito. En particular, a m√≠ siempre me ha llamado la atenci√≥n el episodio de los √°ngeles aparecidos a los pastores, en la noche de la primera Navidad.

De entrada, me imagino el susto de los pastores, seguramente humildes empleados del due√Īo de los animales que cuidaban. En medio de la oscuridad cerrada y el fr√≠o de la noche invernal, un resplandor que se aparece de la nada debe haberlos llevado al borde de un infarto. Y, entonces, el mensaje del √°ngel que les habl√≥. El Mes√≠as, el que hab√≠an esperado muchas generaciones, hab√≠a llegado.

Y, luego, la parte con la que m√°s me identifico. Un coro de √°ngeles, repartiendo bendiciones hacia el cielo y hacia la tierra: ¬°Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!

Digo yo, ante semejante distribuci√≥n, cualquiera dice am√©n. Gloria y paz. La primera al Todopoderoso ‚Äď claro que s√≠ ‚Äď y la segunda para los mortales que son buena gente.

Y ah√≠ est√°, para m√≠, la clave. Porque siempre he pensado que para cualquiera de nosotros ‚Äď ciertamente, lo he pensado para m√≠ ‚Äď es una aspiraci√≥n m√°s que razonable el caminar por la vida con suficiente bondad en el coraz√≥n como para hacerse merecedor de esa paz que anunciaron los √°ngeles. Ni m√°s de ah√≠ ‚Äď nada de martirologios ni de pretensiones de ser santos de ojos volteados ‚Äď pero tampoco menos.

Vamos, que tener de esa paz no debe ser poca cosa.

***

Precisamente, mi intenci√≥n para este fin de a√Īo era construir una reflexi√≥n sesuda y documentada sobre el buen negocio ‚Äď paz a cambio de bonhom√≠a ‚Äď que propusieron los √°ngeles aquella noche. Me prepar√© para elaborar afirmaciones inteligentes sobre el tema.

Para ello, comencé por donde debe comenzar todo escribidor que se respete. Recabando información. Por suerte, en estos días la Internet puede hacer pasar a cualquiera por erudito.

As√≠ reun√≠ muchos datos ‚Äď algunos curiosos, otros francamente in√ļtiles ‚Äď que le a√Īadir√≠an enjundia a la meditaci√≥n navide√Īa. Me enter√©, por ejemplo, que fue San Tel√©sforo, papa y m√°rtir del siglo II, quien introdujo a la liturgia el Gloria in excelsis deo, la traducci√≥n cantada en lat√≠n de la exclamaci√≥n de los √°ngeles. Tambi√©n que la versi√≥n tan bonita que cant√°bamos en el coro del colegio, m√°s melodiosa y f√°cil de o√≠r que las de Bach y Vivaldi, es de autor desconocido, y proviene de la regi√≥n de Languedoc, en el sur de Francia.

Interesante, ¬Ņverdad? La recolecci√≥n de datos iba a pedir de boca. Uno de ellos, incluso, me hizo compadecer a√ļn m√°s a los pobres pastores, pues lo que siempre imagin√© como un gentil coro de √°ngeles dando un agradable concierto en la noche campestre de los alrededores de Bel√©n result√≥ ser, de acuerdo con una de las traducciones, una ‚Äúmultitud de las huestes celestiales‚ÄĚ. Ese dato me hizo suponer que los que dieron el testimonio a la fuente que posteriormente recogi√≥ el evangelista fueron los pocos pastores que no huyeron despavoridos ante semejante despliegue de poder sobrenatural.

Pero también ese dato me picó la curiosidad respecto de las diversas traducciones de las palabras que dijeron los ángeles a los pastores. Y ahí se torció el asunto, porque había una diferencia innegable entre la frase que siempre captó mi atención y la que recogían algunas traducciones del texto original en griego.

Para salir de dudas, consult√© con un amigo sacerdote, versado en griego, en lat√≠n y en una gran diversidad de materias, quien ‚Äď no sin antes consultar sus ‚Äúmorfolog√≠as‚ÄĚ ‚Äď puso en su sitio a este aprendiz de escribidor y a sus √≠nfulas de ex√©geta improvisado. En efecto, confirm√≥, lo de ‚Äúpaz a los hombres de buena voluntad‚ÄĚ es una distorsi√≥n, probablemente proveniente del lat√≠n corriente en el que se escribi√≥ la Vulgata en el siglo IV. La traducci√≥n correcta de lo que dicen que dec√≠an los √°ngeles, me indic√≥ mi docto y p√≠o amigo, debe ser ‚Äúpaz a los hombres en quienes √Čl se complace‚ÄĚ.

Como colof√≥n, me record√≥ que el original griego utiliz√≥ una palabra ‚Äď que excluyo por piedad al lector ‚Äď que abarca a hombres y a mujeres.

Después de asimilar tan letrada explicación, me quedaron claras varias cosas. Una, que el evangelista sí escribió con equidad de género, por lo que la paz prometida es para todos los seres humanos. Eso está muy bien. Dos, y aquí es que me apean del caballo, que ser buena gente no basta.

Y yo que creía que me la estaba comiendo. Pero resulta que la cosa no es tan fácil. Parecería que, para merecer la paz de los ángeles, hay que complacer a Dios.

Esta comprensi√≥n no debiera preocupar a nadie, ¬Ņverdad? Sin embargo, confieso que, ante ese pensamiento, una vocecilla despert√≥ en mi interior. Cuidado, dijo la vocecita. Deb√≠a pertenecer al duendecillo libertario que habita en m√≠, que ha aprendido con los a√Īos a desconfiar de quienes se abrogan la interpretaci√≥n absoluta de qu√© es lo que Dios quiere y qu√© es lo que le complace.

Pero luego lo pens√© un poco mejor. Despu√©s de todo, creemos saber que Dios es infinitamente misericordioso, por lo que tal vez ‚Äď s√≥lo tal vez ‚Äď no sea demasiado exigente con los buena gente sin carnet, como intenta ser, en sus mejores d√≠as, este servidor.

Y, bueno, ojal√° que sea as√≠. Y que nos reconozca puntos por esforzarnos, aunque el resultado no salga tan bien como esperamos, igual que en los ex√°menes del colegio. Tendr√≠a sentido, porque eso de llegar a ser una persona digna de la paz de Dios no suena como una materia f√°cil, y si lo hace un maestro de qu√≠mica o de trigonometr√≠a, ¬Ņpor qu√© no lo har√≠a Dios, en su infinita sabidur√≠a y misericordia?

***

Pues sí, la paz es una alta aspiración. Suficiente para llenar una vida.

Siendo Navidad, también, tiempo de dones, no parece mala idea pedir a quien más da que nos regale un chin de paz. De esa, de la que prometieron los ángeles. Aunque quizá no la merezcamos, pidámosla.

Porque, ¬Ņqui√©n le pone l√≠mites a la generosidad de Dios? Tal vez se nos pegue algo. Y algo de eso que viene de arriba, siempre ser√° mucho.

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