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No es lo mismo pero es igual

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El comentarista continuaba con su letan铆a de cr铆ticas en la radio del autom贸vil. Carlos escuchaba a retazos, mientras maniobraba el volante sorteando el tr谩fico ma帽anero y segu铆a la conversaci贸n que sus dos hijas sosten铆an en el asiento trasero. Las muchachas se quejaban por turnos de lo dif铆cil que es la vida estudiantil en estos tiempos y, con la arrogancia propia de la adolescencia, conclu铆an que a ellas les hab铆a tocado la peor 茅poca de la historia para pasar por el colegio.

A Carlos le hizo much铆sima gracia la conclusi贸n a la que hab铆an llegado sus hijas, pero se mordi贸 la lengua para no hablar. Era demasiado temprano para un serm贸n. Prefiri贸, en cambio, unirse al silencio de su hijo menor 鈥 quien tambi茅n estaba sentado en el asiento trasero 鈥 y respetar el espacio de las dos hermanas. Retom贸 el hilo del mon贸logo radial, justo cuando el analista llegaba a otra conclusi贸n lapidaria: este pa铆s no hab铆a avanzado nada en los 煤ltimos cuarenta a帽os y no avanzar铆a nunca.

Carlos suspir贸 profundamente. Hoy es el d铆a de los absolutos, pens贸.

Pocos instantes despu茅s, estaba llegando al colegio de sus hijos. Sin saber muy bien porqu茅, decidi贸 bajarse con ellos y acompa帽arlos hasta la entrada. Quiz谩 era que necesitaba sacudirse un poco el pesimismo que le dej贸 colgando de las orejas el comentario pol铆tico del d铆a.

Al llegar a la entrada, no se detuvo. Se le antoj贸 entrar al colegio 鈥 el cual tambi茅n hab铆a sido en su momento su colegio 鈥 y as铆 lo hizo. Camin贸 hasta el pasillo que daba hasta las canchas centrales 鈥 ahora protegidas de los elementos por un moderno techo abovedado 鈥 y no pudo detener el tropel de recuerdos que se le abalanzaron encima.

A pesar de que algunas cosas hab铆an cambiado bastante, fue el olor que le llen贸 los pulmones lo que lo transport贸 treinta a帽os hacia el pasado. Era una mezcla de papel manila, tiza, viruta y trementina que Carlos reconocer铆a en cualquier tiempo y en cualquier lugar.

Pase贸 sin rumbo entre los estudiantes que se preparaban perezosamente para la jornada escolar. Se detuvo en el lugar exacto donde sol铆a pararse cada ma帽ana para el saludo a la bandera y mir贸 alrededor. Al menos una an茅cdota que recordar por cada rinc贸n. Al otro extremo del campo de f煤tbol, en el extremo que da hacia la avenida 27 de Febrero, divis贸 el edificio que ahora albergaba la secci贸n de pre-escolar del colegio. En su tiempo, not贸 Carlos, ah铆 estaban los cursos de intermedia.

Cuando repar贸 en ese detalle, por alguna raz贸n, su memoria se convirti贸 en un rel谩mpago que lo lanz贸 por un t煤nel y lo dej贸 tirado en el patio de otro tiempo.

***

Camisetas blancas, pantalones cortos azul oscuro y zapatos tenis. Una treintena de muchachos alineados en el patio de asfalto. Hora de gimnasia al aire libre del s茅ptimo curso. Carlos es de los 煤ltimos de la formaci贸n, por lo que tiene una perspectiva bastante completa del grupo.

A ritmo de toques de silbato, los muchachos siguen los movimientos del instructor. Los ejercicios de coordinaci贸n y flexibilidad se suceden. Movimientos de brazos. Tocar las puntas del pie contrario sin flexionar las rodillas. Sentadillas. Marineros y palmadas. Leg-ups.

De pronto, algo sucede. Algo extra帽o. Wilfredo, parado tres hileras por delante de Carlos, cae bruscamente al piso. Se agarra el vientre y se retuerce. Hay confusi贸n en el patio. El compa帽ero que estaba parado justo detr谩s de Wilfredo, muestra azorado el objeto que le cay贸 en las manos. Una bala de fusil.

La confusi贸n se convierte instant谩neamente en turbaci贸n, y de inmediato en pavor, cuando todos reparan que la camiseta de Wilfredo empieza a te帽irse r谩pidamente de rojo. La comprensi贸n de la situaci贸n no se hace esperar: 隆Wilfredo ha sido alcanzado por una bala perdida de fusil, en pleno patio del colegio!

Los muchachos empiezan a gritar fuera de control, presas del p谩nico, muchos de ellos con las manos en la cabeza. La bulla atrae el maestro director de la secci贸n, quien se apersona en el patio con el gesto que reservaba para disciplinar a los inquietos muchachos. Cuando alcanza la escena del suceso, sin embargo, comprende al vuelo lo que sucede.

Y es que no hab铆a que ser un genio. Por esos d铆as estaba habiendo protestas callejeras de los estudiantes del Liceo Ulises Francisco Espaillat, las cuales hab铆an sido duramente reprimidas por la polic铆a y el ej茅rcito. Considerando que el UFE no estaba lejos del colegio, y que aquel d铆a los enfrentamientos estaban bien calientes, no era dif铆cil determinar la procedencia de la bala.

El maestro no perdi贸 un segundo, y sin mediar palabra, recogi贸 a Wilfredo del suelo, y sali贸 corriendo con el muchacho cargado contra su pecho rumbo a la cl铆nica m谩s cercana, ubicada a buenos cuatrocientos metros de aquella esquina del patio.

Despu茅s habr铆a tiempo para saber que la herida de Wilfredo fue superficial y que no tendr铆a consecuencias. M谩s tiempo le tomar铆a a Carlos reunir bastante experiencia de vida como para comprender que la bala de fusil lleg贸 al cuerpo de Wilfredo casi sin fuerzas, pues estaba m谩s all谩 del l铆mite de su campo de acci贸n. Y mucho m谩s tiempo a煤n le tomar铆a entender a cabalidad las razones por las cuales esa bala fue disparada y las consecuencias que tuvo en aquellos que 鈥 durante esos a帽os 鈥 s铆 estaban consuetudinariamente en el rango de tiro de las balas vivas.

Conocimiento y experiencia, no obstante, nunca lograron conjurar la imagen del maestro atravesando el campo de f煤tbol a toda carrera, con Wilfredo al hombro

ni la escalofriante sensaci贸n de que la muerte puede caer del cielo en cualquier momento. Ser铆an eventos como los de aquella ma帽ana 鈥 y no tanto otros recuerdos m谩s acad茅micos 鈥 los que quedar铆an grabados en la mente de Carlos para siempre.

***

Regres贸 al presente dispuesto a convencerse a s铆 mismo de que tanto sus hijas como el comentarista de radio estaban equivocados: Su 茅poca hab铆a sido mucho m谩s dif铆cil que la que le hab铆a tocado a sus hijos

y el pa铆s s铆 hab铆a cambiado. Y para muestra un bot贸n. Los tiempos en los que el ej茅rcito era tirado a la calle para reprimir estudiantes hac铆a tiempo que hab铆an pasado.

Pero la objetividad termin贸 por vencer a Carlos. Cierto que ya no exist铆an amenazas militares o policiales por motivaciones pol铆ticas en el ambiente

pero cierto tambi茅n que la inseguridad en las calles permanece m谩s fuerte que nunca. Los motivos han cambiado 鈥 el terror pol铆tico ha dado paso a la delincuencia com煤n y organizada 鈥 pero las balas 鈥 las perdidas y las dirigidas 鈥 siguen estando tristemente presentes.

Ma帽ana interesante, pens贸 Carlos. Todav铆a no eran las ocho y ya hab铆a experimentado un viaje de ida y vuelta al pasado, con elucubraci贸n incluida. No es verdad que 鈥 como parec铆an postular sus hijas y el analista de la radio 鈥 todo tiempo pasado sea mejor. Pero tampoco es verdad que la evoluci贸n sea evidente o inevitable. Cada tiempo tiene sus dificultades y sus encantos.

Y, a final de cuentas, los que quedamos en este mundo que puede ser a la vez un lugar donde el amor florece y un valle de l谩grimas, somos todos sobrevivientes.

Carlos se qued贸 un instante m谩s en el patio del colegio, saboreando la mezcla de pasado, presente y futuro que ten铆a alrededor. Seguir viviendo, concluy贸, es lo que queda. Hasta que Dios quiera.

Se dirigi贸 a la salida, rumbo a sus afanes, tan desconcertado como cuando entr贸, pero 鈥 sin saber porqu茅 鈥 extra帽amente contento.

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