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Mundos paralelos

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Ser谩 porque este verano se cumplen veintisiete a帽os desde que me mud茅 de Santiago para la Capital que me han entrado ganas de, por una vez, abordar el tema de las diferencias entre una y otra ciudad. Aunque, tal vez, la raz贸n para semejante antojo no sea ning煤n aniversario. Despu茅s de todo, veintisiete no es un n煤mero redondo. Es m谩s, mi mam谩 鈥 aficionada inveterada a la quiniela 鈥 de seguro dir铆a que ni siquiera es un n煤mero 鈥渂onito鈥. Vaya usted a saber lo que es eso.

El caso es que quiz谩 haya sido una simple travesura de la mente la que me ha empujado por este camino, arriesgado como pocos, pues de entrada s茅 que ser谩 una proeza de equilibrismo ret贸rico lograr que el lector se asome a un espejo que desnuda usos y costumbres 鈥 de aqu铆 y de all谩 鈥 sin irritar algo tan sensitivo y veleidoso como el orgullo local.

A la buena de Dios, aqu铆 voy.

***

De que hay diferencias, las hay. Y muchas. No soy el primer santiaguero 鈥 ni ser茅 el 煤ltimo 鈥 en 鈥渟ubir鈥 a la Capital de forma m谩s o menos permanente y, ciertamente, no soy el primero en notarlas.

Sin exagerar, en casi tres d茅cadas, he recorrido los ciento cincuenta kil贸metros que separan ambas ciudades m谩s de mil veces, y cada vez que entr茅 a Santiago desde la Capital 鈥 y viceversa 鈥 el cambio de aires se sinti贸 como una leve cachetada.

Es como si en alg煤n lugar de la carretera cruzaras una especie de membrana que, igual que en las pel铆culas de ciencia ficci贸n, te lleva de una dimensi贸n a otra. Siempre me he preguntado d贸nde estar谩 esta frontera invisible. 驴Ser谩 en La Cumbre, donde la tierra cambia de color? 驴O en los arrozales de Jima, donde comienza 鈥 o, seg煤n se vea, termina 鈥 el llano que se ensancha y se encoge como un acorde贸n y que llega hasta Montecristi?

Pero volvamos a las diferencias. Lo primero que hay que decir es que cualquier diferencia objetiva que pueda haber entre un lugar y otro est谩 magnificada por las ideas preconcebidas que residen en las mentes de santiagueros y capitale帽os.

Tomemos, por ejemplo, las diferencias ambientales. Existen, s铆, pero son m谩s bien tenues. La luz parece ser m谩s n铆tida en Santiago, tal vez porque el aire es m谩s seco. Adem谩s, la vegetaci贸n capitale帽a tiene un olor peculiar, sabr谩 Dios si ser谩 por alguna especie particular de yerba o de flor, o por la tierra roja que nutre 谩rboles y arbustos.

La forma de llover tambi茅n es diferente. En Santiago, cada vez m谩s, la lluvia se hace esperar, y suele caer en chubascos cortos y carentes de 谩nimo, con la excepci贸n de las violentas tormentas veraniegas que pueden venir con tornados y hasta granizadas. En la Capital, en cambio, el clima costero hace que los aguaceros sean m谩s largos, gruesos y frecuentes.

Y luego est谩 el calor. Aqu铆 la cosa se pone delicada, pues entramos en la zona en que percepci贸n y realidad se reburujan. Porque todo santiaguero o santiaguera que se respete sabe bien que no existe un lugar en el planeta en el que haga m谩s calor que en la Capital. Obvio de toda obviedad, 驴no?

Atenci贸n, que, amparado en la experiencia de mis casi treinta a帽os yendo y viniendo, me dispongo a desmentir, con la siguiente afirmaci贸n, una piedra angular de nuestro imaginario: en Santiago hace tanto o m谩s calor que en la Capital.

Ah铆 est谩. Lo dije.

Puedo casi escuchar el suspiro de indignaci贸n del lector ante lo que debe parecerle tama帽a blasfemia. Antes de que se rinda al impulso de soltar la revista y someter una moci贸n en la Sala Capitular para que me declaren persona non grata y me revoquen el permiso de entrada a Santiago, le sugiero dar un vistazo a los reportes de las temperaturas registradas en ambos lugares. O, mejor a煤n, no me crea. Y todos tan tranquilos.

Total, tengo muchos a帽os participando en debates interminables para convencer al compueblano de turno de que no hay diferencia apreciable entre ambos calores, y que ambos son b谩sicamente infernales.

Y, qu茅 va. No hay manera. M谩s temprano que tarde sacan el argumento lapidario que deja todos los dogmas de fe en su sitio. No es el calor, es la humedad, dicen.

Fin de la discusi贸n. Santiago sigue siendo Santiago, y la Capital sigue siendo el horno insufrible al que hay que ir de vez en cuando a sudar diligencias.

驴Qu茅 si mundos paralelos? M铆ralo ah铆.

***

Otra diferencia que salta a la vista 鈥 o mejor dicho, al o铆do 鈥 es la forma de hablar. Es tambi茅n la m谩s manida, especialmente en el mundo capitale帽o.

Porque ah铆 s铆 hay tela. A煤n en los tiempos que corren, en los que finalmente se reconoce que la diversidad en los giros del idioma es m谩s riqueza cultural que incorrecci贸n ling眉铆stica, en Santo Domingo son frecuentes los comentarios burlescos sobre la colorida prosodia del cibae帽o.

Debo confesar que, cuando cruzo la membrana transparente que separa un mundo de otro, todav铆a adapto mi pronunciaci贸n 鈥 y hasta mis expresiones 鈥 seg煤n vaya o venga. Sin embargo, as铆 como no barajo discusiones con santiagueros sobre el calor, no dejo pasar la oportunidad de machacar, en cualquier escenario de la Capital, el tremendo valor de la lengua cibae帽a como expresi贸n por excelencia de una manera particular de entrarle a la vida.

Porque si el italiano es el mejor idioma para cantar, el ingl茅s para negociar y el alem谩n para filosofar

tambi茅n tiene el cibae帽o sus primac铆as. Por ejemplo, no hay lenguaje que se compare con el cibae帽o en aquello de decir las cosas como son. O para expresar contentura. O para insultar a alguien, pues en ning煤n otro idioma suena mejor una ristra de dichos.

Y si me atacan mucho, lo digo. En ning煤n idioma se oyen mejor los arrumacos y suspiros que se dicen entre s谩banas. Se lo pierde el que no lo habla.

***

Y si nos vamos a las costumbres, tambi茅n se ven las diferencias. Decenas de veces me ha tocado ser testigo de la turbaci贸n de un capitale帽o cuando recibe un suvenir 鈥 casi siempre comestible 鈥 de un santiaguero, que se lo lleva sencillamente porque a 茅l o a ella le ense帽aron a no llegar a ning煤n sitio con las manos vac铆as. De igual manera, muchas veces he visto el recelo en las miradas de los santiagueros cuando conversan por primera vez con capitale帽os que vienen a la Ciudad Coraz贸n buscando negocios.

Ese es el poder de los estereotipos. Para el capitale帽o, el santiaguero es 鈥 hasta prueba en contrario 鈥 un campesino bulloso que no sabe hablar. Para el santiaguero, el capitale帽o es altanero, aguajero y ladino. Por cada vez que en la Capital me han dicho que 鈥渘o parezco de Santiago鈥, solo porque puedo hablar sin la 鈥渋鈥, he escuchado a alg煤n santiaguero decir que fulano o fulana 鈥渆s de la Capital, pero no lo parece鈥, porque al tratarla se dieron cuenta que la persona es tan buena gente como sus amigos de toda la vida.

***

Esto de los mundos paralelos es poderoso. Es lo que hace, por ejemplo, que un santiaguero que va a la Capital a resolver cualquier asunto haga lo indecible para regresar el mismo d铆a a Santiago. Es como si pernoctar en Santo Domingo fuera la prolongaci贸n de un calvario. Ante la pregunta de si se queda hasta el d铆a siguiente, la persona har谩 una mueca de asco y dir谩 que ni pensarlo.

En todos estos a帽os, he escuchado toda clase de explicaciones para justificar un regreso r谩pido a Santiago, a煤n a altas horas de la noche. Es el calor. Son los tapones. No aguanto este juidero.

Y la m谩s original de todas: el agua de la Capital es muy mala, y el jab贸n no hace lavazas.

***

Privilegiado de m铆, que ya puedo moverme como nativo en ambos 谩mbitos. Y, conmigo, cientos de miles de santiagueros y capitale帽os que hicieron el crossover hacia la otra orilla. De alguna manera, la combinaci贸n de distancia con contacto frecuente nos ayuda a apreciar y a celebrar nuestras identidades, sin dejar de apreciar y celebrar sus diferencias.

Porque es ah铆, en las diferencias, que est谩 el gustico.

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