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Magia de la buena

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La cosa estaba caliente en San Juan. Desde que Monse帽or Panal le hab铆a dado al Jefe tremendo arrug贸n en una misa en La Vega, la f谩brica de rumores no paraba. Que si Monse帽or O鈥橰eilly estaba asilado en un colegio de la Capital, que si lo iban a deportar.

En fin, que la relaci贸n entre la iglesia y el r茅gimen se hab铆a vuelto a ir al carajo.

Lo dicho. La cosa estaba caliente en San Juan. Y todav铆a m谩s aquella ma帽ana, que el Jefe estaba en el pueblo.

M谩s por molestar que por devoci贸n, Trujillo asistir铆a a una misa de campa帽a en la fortaleza, a pocos metros de la catedral y de la casa curial. Despu茅s, cruzar铆a a pie todo el centro de San Juan para un desayuno en el Hotel Maguana.

En la casa del abuelo Isa铆as, como en todas las casas, el radio estuvo encendido desde tempranito, pues transmit铆an la misa. La idea era 鈥 aparte de participar en la comidilla del pueblo 鈥 estar preparados para cuando Trujillo pasara por el frente de la casa. Como estaban las cosas, nadie pod铆a darse el lujo de que una galer铆a vac铆a se convirtiera en un problema mayor.

Terminada la misa, Trujillo y su s茅quito comenzaron la caminata, seguidos por un gent铆o propio de una procesi贸n. El abuelo Isa铆as y su cu帽ada Atala, que visitaba desde la Capital, salieron a la galer铆a, pues la fortaleza estaba a s贸lo un par de cuadras de distancia.

Casi de inmediato avistaron al Jefe, reluciente en su uniforme caqui, sin que le cupiera ni una insignia, ni un cord贸n, ni una estrella, ni un ramo m谩s. Ven铆a pavone谩ndose, exhibi茅ndose a sus s煤bditos, sabi茅ndose due帽o de todo y de todos, hasta de la calle que pisaba, la cual 鈥 como todas las v铆as principales de todas las ciudades de su feudo 鈥 llevaba su nombre.

Pas贸 por el frente de la casa a paso ligero, con un tru帽o acentuado por sus gafas oscuras, sin mirar para los lados y sin saludar. El abuelo Isa铆as y la t铆a Atala quedaron de pie en la galer铆a, mientras pasaba el resto de la multitud. Atala rompi贸 el silencio. 鈥 隆Ay, T铆o Is谩! 鈥 dijo a media voz, casi como un suspiro. 鈥 Ese hombre lleva la muerte atr谩s 鈥 sentenci贸.

El abuelo Isa铆as chuipi贸 por lo bajo y mene贸 la cabeza. 鈥 Usted y sus cosas, Do帽a Atala 鈥 dijo por toda respuesta, mirando para los lados, asegur谩ndose de que nadie oyera.

El episodio no hubiera tenido nada de memorable si no hubiera sido Atala la que dijo lo que dijo, pues a la t铆a lo de las visiones y las premoniciones se le daba muy bien. Y, bueno, el episodio habr铆a ca铆do en el olvido si no hubiera sido porque un par de semanas despu茅s de aquel d铆a el Jefe yac铆a en un charco de su propia sangre, con un par de onzas de plomo en el cuerpo.

***

Si aquella predicci贸n velada de Atala fue simple casualidad, olfato pol铆tico o un gui帽o de lo sobrenatural, nunca lo sabremos. Sin embargo, parece claro que para Atala predecir cosas como esas 鈥 y acertar 鈥 era como tomarse un vaso de agua.

Desde siempre fue as铆. Historias hay por decenas. Tan usuales eran los sucesos inexplicables protagonizados por Atala que muy pronto sus hermanas dejaron de verlos como misterios, y empezaron a aceptarlos como lo m谩s natural del mundo. S贸lo el abuelo Isa铆as se turbaba cada vez que Atala sal铆a con una de las de ella, y soltaba alguna frase ambigua para disimular su asombro.

Como lo hizo el abuelo aquel d铆a de mayo del 鈥61 en San Juan. Y, seguramente, como lo hizo el d铆a de Nochebuena del a帽o siguiente, cuando ya la familia se hab铆a mudado a la Capital.

En la tarde de aquel d铆a, mientras la abuela Graciosa se afanaba con la cena de Navidad, el abuelo Isa铆as atend铆a la visita de Atala, cuando la hija de los abuelos, la T铆a Sonia, y un par de sus amigas veintea帽eras se unieron a la conversaci贸n y al brindis.

Una de las jovencitas, vecina de los abuelos, hab铆a escuchado de las peculiares habilidades de Atala y le pide 鈥 medio en serio, medio en broma 鈥 que le 鈥渓ea la espuma鈥, mostr谩ndole el poso de su copa cervecera.

Sin hacerse rogar demasiado 鈥 y, ciertamente, sin ning煤n alarde 鈥 Atala toma la copa y se asoma al fondo. De inmediato, su expresi贸n se enseria y se deshace de la copa. La muchacha la mira curiosa y le pide una respuesta: 鈥 驴Qu茅 vio, Do帽a Atala? 鈥 pregunta.

Atala escogi贸 con tacto sus palabras al responder: 鈥 Ay, mija 鈥 dice, y se detiene como para coger fuerzas. 鈥 Muy pronto vas a pasar una pena muy grande 鈥 le dice cari帽osamente. Y, pese a la insistencia de la joven, Atala no dice m谩s. Si fue porque no sab铆a m谩s o para no amargarle la Navidad a nadie que no dio m谩s detalles, no se supo.

Pero el caso es que pocos d铆as despu茅s de aquella escena, el pap谩 de la muchacha se quit贸 la vida.

***

鈥 L茅ame la taza, Do帽a Atala 鈥 pide Santa. Atala est谩 pasando unos d铆as en Santiago, visitando a su sobrino Moncho. Santa, la muchacha que ayuda en la casa, est谩 entrotada con irse para Nueva York, y tiene meses afanando con papeles y diligencias. Y, aprovechando que en la casa est谩 la do帽a, que le han dicho 鈥渜ue sabe y que ve鈥, quiere que le diga c贸mo le va a ir en el viaje.

Sin ceremonia, como quien se abotona un bot贸n, Atala mira las l铆neas de caf茅. Y le dice a Santa varias cosas, pero ninguna es la que quiere o铆r. El viaje no va. Fu谩. Hay un hombre chiquito que te est谩 haciendo la corte. Fu谩. Dices que no te gusta, pero le vas a hacer caso y te vas a casar con 茅l. Fu谩. Y vas a tener tres hijos con 茅l. Fu谩, fu谩 y fu谩.

Y as铆 fue. Pin pun.

***

No me atrevo a afirmar ni a negar la naturaleza paranormal de cualquiera de estos episodios. La mayor铆a de ellos forma parte de la tradici贸n oral de la familia, de unos pocos fui testigo. Y la verdad es que no me sorprender铆a demasiado que fueran, en efecto, vestigios prodigiosos de una conexi贸n con otras dimensiones de la realidad. Como tampoco me sorprender铆a que fueran simples productos de la combinaci贸n entre la sugesti贸n y las ganas de creer.

En cualquier caso, a estas alturas, cosas m谩s extra帽as he visto.

Adem谩s, estoy bastante seguro de que el caso de Atala no es 煤nico. Ni mucho menos. Es m谩s, cada familia tendr谩 sus historias y sus personajes.

驴Moda de una 茅poca 鈥 la primera mitad del siglo pasado 鈥 en la que la falta de opciones de ocio alimentaba el gusto por el ocultismo? 驴Rasgos animistas de nuestra herencia africana?

驴En qu茅 se diferencia, despu茅s de todo, el realismo m谩gico del anecdotario de cualquier familia caribe帽a?

Si acaso, en el chin de hip茅rbole que hay que echarle a la literatura. Aunque, pens谩ndolo bien y visto lo visto, 驴qu茅 tiene m谩s hip茅rbole que la realidad misma?

***

Lo m谩s sorprendente de Atala es que no necesitaba de fen贸menos inexplicables para serlo. Sin quiz谩, ah铆 radicaba su verdadera magia.

Por donde quiera que la vieras, era extraordinaria.

Maestra de las de antes y pedagoga autodidacta, con una mente privilegiada, aguda y abierta a la vez. Y convencida, tanto en el aula como en la casa, de que la autoridad m谩s poderosa emana del cari帽o y no del miedo.

Due帽a de una cultura vast铆sima, tanto as铆 que sus tertulias crepusculares eran codiciadas por poetas, m煤sicos y escritores. Y, sin embargo, ning煤n m茅rito parec铆a suficiente para envanecerla. Al contrario, a pocas personas he visto combinar tan bien humildad y dignidad, tanto en la palabra como en la acci贸n.

脕gil para el humor y la risa, lenta para los juicios y los desplantes. Enemigos, ninguno. Amigos, muchos y buenos. Y, para todos, amigos y familiares, la misma receta: solidaridad a prueba de balas.

驴V铆nculos con lo esot茅rico? Si los ten铆a, para ella ser铆an un sentido m谩s que 鈥 como el olfato, o el tacto 鈥 se usa sin aspavientos, seg煤n el caso. Un rasgo asombroso m谩s. Uno entre muchos, dir铆a yo. Una raya para el tigre.

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