Inicio Tiempo Fuera Los tiempos buenos

Los tiempos buenos

0
0
4

Cuando se incorpor贸 luego de atravesar la empalizada, se encontr贸 con la mirada interrogante de Evarista. Hubiera preferido quedar enganchado en los alambres de p煤as que tener que responder a la pregunta que le hac铆an los ojos de su mujer.

Restituto hab铆a salido temprano a buscar un milagro. S铆, porque encontrarse con una chiripa para hacerla y cobrarla un veinticuatro de diciembre era eso: un milagro. Y por m谩s que busc贸, por m谩s que pregunt贸, no encontr贸 nada. La gente estaba en fiesta, no en trabajo.

鈥 驴Conseguiste algo? 鈥 insisti贸 Evarista sin abrir la boca. Restituto quiso no responder, pero sab铆a que su propia mirada delataba su respuesta. Camin贸 el trillo que bordeaba la laguna que separaba su rancho de la calle y se junt贸 con su mujer. Tambi茅n sin abrir la boca, le repiti贸 lo que Evarista ya sab铆a. Hab铆a regresado, al filo de las cinco de la tarde, con las manos vac铆as. Sus cuatro muchachos se quedar铆an sin cena de Nochebuena.

***

Restituto no sab铆a diferenciar entre estar vivo y ser pobre. Fue pobre en el campo, pobr铆simo. Y ahora lo era en la ciudad. Hac铆a un par de a帽os que hab铆a podido, finalmente, traer a Evarista y a los muchachos desde su campo en Esperanza al 煤nico rinc贸n que pudo conseguir en Santiago: un solar abandonado que daba a la Avenida Central en el que, poco a poco, hab铆a construido un rancho.

El terreno era, en realidad, la parte m谩s baja de una ca帽ada que la ciudad hab铆a ido ocupando. A fuerza de inundarse frecuentemente 鈥 y a falta de un desag眉e natural 鈥 buena parte del solar la ocupaba una laguna. El resto eran 谩rboles y maleza, tan espesos que a la laguna casi nunca le daba el sol y el rancho de Restituto y Evarista no se ve铆a desde la calle.

Restituto hab铆a construido el rancho en la parte m谩s alta del solar, calculando que ah铆 dif铆cilmente llegar铆a el agua. Pero cuando llov铆a fuerte s铆 llegaba. Por varias veces hab铆an tenido que abandonar el rancho en medio de la noche, con el agua en las rodillas, las colchonetas arriba de la cabeza y un muchacho en cada brazo. Pero ah铆 viv铆an, qu茅 se le iba a hacer.

El hecho de que el rancho no se viera desde la calle casi siempre le gustaba a Restituto. Era mucho mejor no llamar la atenci贸n. Pero de vez en cuando, se hartaba de ser invisible. A pocos metros del rancho, la ciudad viv铆a su ritmo, totalmente ajena a la otra vida que suced铆a alrededor de la laguna. Y viceversa.

Desde el altico de su rancho, Restituto espiaba a veces a trav茅s de la espesura a los carros pasando y la gente caminando. Alcanzaba a ver, incluso, del otro lado de la avenida, a la gente yendo al cine, con ese aire de indiferencia con que se hacen las cosas normales.

Tan cerca y tan lejos. La vida discurr铆a fuera del solar empalizado en forma paralela a lo que suced铆a dentro. En el mismo plano, pero sin tocarse.

Muy de cuando en vez, llegaban a la laguna grupos de muchachitos bien a recoger paticos o a pescar sagos. No parec铆an ser una amenaza, pero a Restituto les incomodaba su presencia. No sab铆a decir si la molestia le ven铆a por el aire de excursi贸n que tra铆an estos carajitos o porque la entrada de ellos a su espacio se sent铆a como una transgresi贸n, como una colisi贸n de universos que podr铆an desintegrarse, como dos burbujas de jab贸n al tocarse.

***

Restituto se sent贸 en el medio block que usaba como atalaya y se sinti贸 m谩s invisible que nunca. Una nube de mal humor pareci贸 arroparlo. Vio a sus cuatro hijos persigui茅ndose entre la maleza y se sinti贸 a煤n m谩s desdichado. 隆Qu茅 Nochebuena!, se dijo. Ni un chin de lech贸n ni un chin de casabe, se lament贸, recordando la encomienda que le hab铆a hecho Evarista aquella ma帽ana: manquesea pa鈥 que se ensucien la boca, Restituto, por lo menos eso.

Y nada. Eso hab铆a conseguido. Nada.

Evarista quiso hablarle, pero le dio la espalda. No estaba para reproches, Restituto. Evarista se sent贸 en silencio a su lado. Restituto no la mir贸, pero, tambi茅n sin hablar, reconoci贸 su presencia. As铆 estuvieron largo rato, rumiando su dolor en un coro de silencio enfurru帽ado y gris.

Al terminar el crep煤sculo, Evarista pareci贸 dar por terminado el duelo y se levant贸, sacudi茅ndose las manos. Ahora s铆, la mir贸 Restituto. 鈥 Voy a preparar la cena 鈥 anunci贸. 鈥 驴Y qu茅 vas a hacer? 鈥 casi llor贸 Restituto. Evarista respondi贸 sin pique. 鈥 Lo de siempre 鈥.

Y march贸 a la cocina a hervir pl谩tanos y a fre铆r salchich贸n. Restituto se qued贸 unos minutos m谩s sentado en la oscuridad. Tambi茅n hab铆a gastado las ganas de lamentarse. Se puso en pie, recogi贸 a los muchachos y entr贸 con ellos al rancho.

Los sent贸 alrededor de la mesa y los dej贸 re铆r. En la cocina, Evarista atend铆a el fog贸n, medio cantando y medio sonriendo por lo bajo. Cuando vino a ver, al poco rato, Restituto tambi茅n re铆a.

Qu茅 caray, se dijo Restituto. No cenaremos lech贸n, pero cenaremos. No seremos ricos, pero estamos sanos. Y juntos.

No dese贸 鈥 ni necesit贸 鈥 nada m谩s que eso. Y como lo ten铆a, fue feliz.

Mir贸 hacia la cocina y se encontr贸 con los ojos sonrientes de Evarista. No tuvo que preguntarle para saber que sonre铆a por la misma raz贸n que 茅l. Restituto supo entonces que hab铆a encontrado su milagro. Porque supo que en su rancho, en el altico al lado de la laguna, era Nochebuena.

Cargue Art铆culos M谩s Relacionados
  • Mensajero de luz

    Los milagros suceden todos los d铆as. Y el que crea que los rayos no pueden caer m谩s de una…
  • Martincito del altar

    Desde su asiento en el duro banco de caoba, Mart铆n recorri贸 la iglesia con los ojos de la …
  • Magia de la buena

    La cosa estaba caliente en San Juan. Desde que Monse帽or Panal le hab铆a dado al Jefe tremen…
Cargue M谩s Por Paulo Herrera Maluf
  • Mensajero de luz

    Los milagros suceden todos los d铆as. Y el que crea que los rayos no pueden caer m谩s de una…
  • Martincito del altar

    Desde su asiento en el duro banco de caoba, Mart铆n recorri贸 la iglesia con los ojos de la …
  • Magia de la buena

    La cosa estaba caliente en San Juan. Desde que Monse帽or Panal le hab铆a dado al Jefe tremen…
Cargue M谩s En Tiempo Fuera

Deja un comentario

Tambi茅n Leer

Arranc贸 en Santiago la 鈥淭emporada Festival Presidente鈥

Con gran algarab铆a cerca de 12,000 personas disfrutaron de los cantantes populares y mucha…