| Valores familiares a propósito del nuevo año |
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Ser padre-madre es el más hermoso y serio compromiso que contrae un ser humano consigo mismo y con la sociedad. Es atribución de los padres la educación doméstica y la enseñanza de valores que permitan a sus hijos ser adultos equilibrados y responsables. Cargadas de ingenua sabiduría nuestras abuelas aseguraban que los hijos se cargaban tres veces siguiendo este orden específico: en el vientre, en los brazos y en la cabeza. Significaban con esa expresión que la conexión, el sentido de pertenencia y la preocupación por los éxitos o fracasos de nuestros hijos sólo muere con nosotros. La disciplina a los bebes inicia reglamentando las horas para dormir y demostrándoles con mimos que no les está permitido manipularnos. En sus primeros años debemos hacerles entender que aunque les amemos, la vida no gira en torno a ellos. Ese aprendizaje les trazará pautas para ser adultos menos egocéntricos. Validar el concepto de respeto podría ampliar la visión para la compresión de otros valores como la honestidad, la responsabilidad y la humildad, los cuales arrastran consigo otros méritos como la dignidad, el orden, la discreción y la tolerancia. Los hábitos se crean con nuestro ejemplo y la repetición constante. Respeto significa tratar con dignidad a los demás y a uno mismo, es dar seguimiento a las leyes, al orden establecido y reconocer la preeminencia de las personas. Es colocar los símbolos patrios en el sitial que le corresponde y cuidar de la naturaleza y del medio ambiente. Al margen de la posición económica o social en la cual se involucre la infancia de nuestros hijos el amor de los padres les brinda seguridad y confianza para formar bajo el mismo concepto sus propias familias. De igual modo, la educación doméstica les otorga la libertad de pensamiento y acción que caracterizan a las personas que aportan dignidad y decencia a la sociedad y la educación académica la capacidad para insertarse al mercado laboral. |


