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Recordando un terremoto PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Edwin Espinal Hernández   

Si la falla geológica que se hubiese activado el pasado 12 de enero hubiese sido la que atraviesa la Cordillera Septentrional y no la falla de Enriquillo, que generó el terremoto que devastó Puerto Príncipe, quien sabe si esta revista hubiese circulado o este artículo se hubiese escrito. La Falla Septentrional de la Hispaniola recorre todo el borde sur de esta cadena de montañas, desde la península de Samaná hasta Cabo Haitiano. La ciudad de Santiago se asienta a sus pies. En 1842, específicamente el 7 de mayo de ese año, esa fisura de la corteza terrestre liberó la tensión acumulada por la fricción de la Placa Septentrional y la gran Placa del Atlántico Norte, produciendo un violento sismo que destruyó Santiago y Cabo Haitiano.

David Dixon Porter, un viajero norteamericano que visitó el país en 1846, recordó los efectos del sismo en Santiago en su “Diario de una misión secreta a Santo Domingo”. Dice este autor: ….“toda la ciudad, en un segundo, fue reducida a una masa de ruinas. Ni una casa quedó en pie, y todas las riquezas y todos los frutos adquiridos por años de trabajo, quedaron enterradas bajo las ruinas o tragados por la tierra que se abría. Mucha gente cayó víctima de la calamidad y fueron aplastados más de trescientos, (…) En aquel tiempo, Santiago tenía 700 casas (…) Cuatro mil personas quedaron sin hogar vencidas por el dolor de los parientes muertos y las propiedades destruidas”. El movimiento telúrico fue tan terrible que derribó los edificios que resistieron el terremoto de 1751, que también había perdonado entonces cincuenta bohíos de tablas de palma cubiertos de yagua; Santiago perdió así todo vestigio de su arquitectura colonial. Con las trepidaciones de 1842, cita Vetilio Alfau Durán, la iglesia parroquial mayor se destruyó; la techumbre de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen se desplomó al primer sacudimiento, pereciendo las niñas de una escuela que velaban en dicho templo; y en la cárcel murieron algunos presos. En Licey y Canca, de acuerdo a Carlos Nouel, brotaron fuentes azufradas y se abrieron anchas grietas. Todavía fines del siglo XIX, en el camino que iba de Santiago a Tamboril, próximo a Guazumal, corrían dos arroyuelos surgidos con ese motivo.

Recordando un terremoto

Julio Genaro Campillo Pérez cita que el periódico El Liberal de Caracas, en su edición del 8 de julio de 1842, recogió que al día siguiente al temblor, los sobrevivientes tuvieron que instalarse en los bohíos que existían en los barrios pobres de la ciudad, mientras se desataba paralelamente una ola de pillaje que se extendió por varios días, “sin que la autoridad pública pudiera o quisiera impedirlo”, mientras los cadáveres saciaban el apetito de perros, puercos y otros animales. La población, temerosa, abandonó la plaza de armas – el hoy parque Duarte - para trasladarse a las colinas situadas al Este de la ciudad – los actuales Cerros de Gurabo - , para finalmente refugiarse en Hoya del Caimito, guiada por el Pbro. Domingo Antonio Solano.

Frank Moya Pons acota que en Cabo Haitiano los sepultados por los escombros fueron cinco mil. Políticamente, el fenómeno favoreció a la oposición del gobierno de Jean Pierre Boyer, que lo acusó “de haber sido insensible a las desgracias de sus ciudadanos y de no haberse presentado personalmente al lugar de los acontecimientos a consolar a las familias afectadas”. “Una gran inquietud se produjo durante los meses siguientes en todo el país” – precisa Moya Pons – “con motivo de las acusaciones de la Oposición y de las investigaciones que desplegó el Gobierno a fin de descubrir los participantes en los pillajes y otros actos de bandolerismo realizados entre las ruinas de las ciudades”.

Del terremoto de 1842, “de lúgubre i pavoroso recuerdo”, como lo definió el autor J.R. Márquez en un artículo publicado en 1882 en el periódico santiagués El Eco del Pueblo, titulado “Terremoto en la isla de Haití, o sucesos memorables del día 7 de mayo de 1842”, se encontrarían huellas más de cincuenta años después. En 1895, cuando se abrían las zanjas para la zapata del Palacio Consistorial, frente al actual parque Duarte, quedó al descubierto una interesante revelación: uno o varios esqueletos con restos de insignias masónicas se encontraron contiguos a un inmueble colindante, propiedad de la familia Valerio. Se supuso entonces que correspondían a víctimas del terremoto, pues según la tradición, aquel ocurrió mientras los masones celebraban una tenida en su logia, instalada en el edificio del Ayuntamiento, que se erigía en ese mismo lugar.

Y en 1913, cuando se hacían excavaciones para colocar las tuberías del primer acueducto de la ciudad, en la actual calle España, entre las calles Del Sol y General Cabrera, aparecieron también restos humanos, que se atribuyeron a la familia de Francois Nuezí, compuesta por tres hijos y sus padres, quienes perecieron aplastados por las paredes del convento de Nuestra Señora de las Mercedes, que ocupaba la manzana comprendida entre las actuales calles Del Sol, España, General Cabrera y Duarte.

Todavía a principios del siglo XX, la evocación del terremoto causaba temor: tanto en la parroquia Mayor como en la de La Altagracia se celebraba un Te Deum cada 7 de mayo, en recuerdo de aquella catástrofe. Al menos en 1909, el oficio religioso se llevó a cabo con el temor de una repetición en la misma fecha: después de la misa en la iglesia de la Altagracia, fue sacada en procesión la imagen de Nuestra Señora del Rosario y no hubo clases en las escuelas, por el pánico que sentían las familias, que creían podía sobrevenir coincidencialmente.

En la noche anterior, muchos rosarios, provenientes tanto de los campos como de la ciudad, recorrieron las calles, y en muchas casas pasaron la noche en vela, rezando y haciendo penitencia. Los continuos temblores de tierra a lo largo de la Falla Septentrional es señal de que está acumulando tensión nuevamente. Aunque no se sabe cuándo, los expertos aseveran que esa tensión será liberada y se producirá un nuevo terremoto como el que nos destruyó en 1842. Ojalá estemos preparados.

 
comentarios

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yo quiero saber cual es la parte en donde la ciudad de santiago tiene más fallas geográficas.

Enviado por DULCE MARIA CRUZ, el Viernes 05 de Marzo de 2010 a 12:14

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